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Las locas historias de Einn: episodio 9. Einn, el poni y el alien

Las locas historias de Einn.

Episodio 9. Einn, el poni y el alien

Era mi último día de contrato en la feria. Había cargado la mini carreta tirada por Jonás, uno de los ponis de la atracción de feria que tenía un poni gemelo al que también le llamábamos Jonás. Les llamábamos los Jonas Brothers. Me encontraba yendo por el camino al campo, donde me disponía a verter los desechos producidos por los animales, para su uso posterior como abono por los agricultores de la zona. Empezaba a anochecer cuando de pronto una luz cegadora se posó sobre mí. Estaba intentando ver de qué se trataba, cuando me apercibí de la silueta del ser que estaba frente a mí. Era bajo, más bajo que Tyron Lanister y feo, más feo que Donatella Versace, pero parecía bastante pulcro. Sus ojos eran como los de todo el mundo que tiene un grave problema de ojos descomunales y su cabeza era del tamaño de un microondas de los que se usan para asar pequeñas cabras.

Como el pequeño ser no decía nada, decidí hacerle alguna señal y, al no ocurrírseme ninguna que fuera de fácil comprensión "global" ya que parecía bastante evidente que aquel ser no era de por aquí cerca, decidí hacerle el famoso paso de baile que ejecutaba Michael Jackson (Moonwalk) al tiempo que silbando interpretaba el celebérrimo "El chirniguito" de Georgie Dann.

De pronto, dentro de mi cabeza oí claramente en un perfecto español de la zona de Cádiz que traduciré para que todos lo comprendáis sin un previo periodo de adaptación.

Criaturas, de vosotros dos, ¿cuál en la que posee una mayor inteligencia?

El poni y yo nos miramos y después de pensarlo un rato, conteste que yo, aunque no pude dejar de notar que el poni ponía mala cara.

Mis sensores indican que tu inteligencia es de 5 grados.

¡Aprobado!, pensé rápidamente, basándome en la experiencia que había adquirido en la escuela.

De una escala de 10.000 grados, dijo el extraño.

Jonás me miro y se rio.

Ya, pero soy más alto que tú, pensé un poco enfadado. Él me dijo, demostrando que podía leer mi mente.

La altura no sirve para nada en la mayoría del universo.

Ya, pero aquí? prueba a coger las galletas del estante de arriba en la cocina, listo.

Viendo que la cosa no iba por buen camino, le pregunte por su nombre y me dijo que Galaxian al preguntarle por su apellido me dijo que Pérez. Galaxian Pérez. El poni y yo nos miramos y no podíamos dejar de reírnos, incluso llegamos a revolcarnos por el suelo ante la mirada de Galaxian, ¡Galaxian Pérez, que risa madreee!

Después de un rato y aun con lágrimas en los ojos conseguimos ponernos en pie. A Galaxian parecía que no le había hecho mucha gracia lo delas risas, así que le dije:

Señor Pérez, (otra vez risas) ¿Desea usted algo de nosotros?

Lo primero, me gustaría saber vuestros nombres.

Pues él, señalando al Poni, es Jonás y yo soy Hermógenes Gorgonio Wachi Nao.

¿Einn?,

dijo Galaxian.

Hay cosas que nunca cambian, pensé yo. Einn, me llamo Einn, y sinceramente me gustaría saber si quiere usted algo de nosotros.

Bueno, para empezar me gustaría llevarles en mi nave a ver lugares maravillosos al tiempo que les realizo algunos exámenes médicos y les realizo unas cuantas preguntas acerca de su mundo y de las distintas razas de animales que lo pueblan. También me gustaría aprender algo acerca de la técnica usada en los mercaditos conocida como "regateo".

Mire a Jonás y aunque con la cabeza no paraba de decir que no, mentalmente pensé que decía si, así que, arrastrándolo entre el Alien y yo nos dirigimos hacia la nave de Galaxian.

La nave ocupaba una superficie como de dos campos de futbol pequeños, con capacidad para setenta y cinco mil espectadores cada uno, pero curiosamente una vez dentro solo tenía dos habitaciones pintadas cono lo hubiera hecho Stevie Wonder y un baño cutre con un graffiti de Bob Esponja. Galaxian dijo que nos disponíamos a despegar. Le pregunte que con que energía se desplazaba la nave y me contesto que con eléctrica, concretamente la nave atraía una enorme cantidad de rayos cuando esto era posible y almacenaba la energía para realizar travesías interplanetarias a la velocidad de la luz. Casualmente cuando escuche lo de los rayos, descubrí que yo también puedo viajar a la velocidad de la luz, pues esa es la velocidad a la que me baje de la nave.

Una vez en tierra, pude ver la nave despegando y a Jonás mirándome desde una ventana. En mi cerebro retumbo la voz de Galaxian llamándome cobardica y diciéndome que me devolvería al poni en unos días. Asentí, y me dirigí a la carreta que había dejado en el camino, la descargue y me dirigí de nuevo a la feria barajando la posibilidad de contar lo que había pasado o no contarlo, y construir un poni a base de matojos y macramé para que no notaran la ausencia de Jonás.

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