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Relatos de COSOqueTEcoso (XV)

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Entre puntada y puntada

XV

Volvía don Mauro de la fábrica, pero no como fuera. Parte de aquella alegría se había trocado en dudas, aunque la ilusión empujara lo suyo. A pesar de haber cortejado ya a una mujer, Carmen, este hombre cabal no se sentía cómodo en esas lides. Además, pensaba que la relación con su anterior mujer había sido de igual a igual. En cambio, esta otra que se decidía a emprender estaba salpicada de diferencias e interrogantes. Gertru le había ganado el corazón, pero la razón le decía que se iba a encontrar con muchas dificultades. La diferencia de estatus social era una de las trabas, otra el estado de buena esperanza de la chiquilla, porque él la seguía viendo así, como una chiquilla, lo que constituía el tercer escollo. Sin olvidar al pequeño Juan. ¿Cómo la acogería el pequeño? ¿Cómo lo recibiría Gertru? En esas cavilaciones andaba, cuando llegó al número cuatro de Españoleto. Hizo una pausa antes de entrar, se restregó el mentón con la mano, echó los hombros hacia arriba y dio unos pasos para sobrepasar el pequeño lumbral del portal. El corto espacio entre el umbral y la puerta de la portería lo recorrió sin pensar. Como los visillos estaban echados, produjo un par de taques en el cristal con nudillos y tiento. Un dedo retiró la cortinilla y, tras el cristal, asomó Reme. No tardó en abrir la hoja de arriba de la puerta.

?Buenos días, ¿no interrumpiré?   

?Para nada, don Mauro. Íbamos a comer, pero mi madre ha subido a casa a por sal para la ensalada y a no sé qué más. ¿Quería usté algo?

?Sí?

?Pues usté dirá, aquí estamos para lo que quiera ?. Gertru, que había oído todo, asomó por el hueco de la puerta.

?Buenos días, don Mauro. Me alegra que quiera usté algo de nosotras ?saludó alegremente?. Ya era hora.

?Buenos días, Gertru. ¿La señora Casta ha hablado con usté? ?preguntó don Mauro.

?Sí, claro. Casi siempre que nos vemos hablamos, como cuando le veo a usté o a la Reme ?. Gertru dejó ver su inocencia con el comentario.

?Me refiero a que si le ha hablado de?

?¿De? ?preguntó la chiquilla viendo por primera vez a don Mauro engatillado.

?De? ?. En esos momentos la señora Casta apareció en escena. 

?¿Ya vuelve usté de la fábrica? 

?Sí, sí. A comer, como ustedes. Pensé que había hablado con ella ?pareció echar en cara don Mauro.

?No, no ha habido ocasión. Y me pareció a mí mejor así. Aunque pensé que ya lo había hecho usté. Estas dos, desde que llegaron del mercao, san pasao arriba media mañana acicalándose. Por eso pensé?

?Pues no, tampoco ha habido ocasión. Pero creo que ahora es mal momento.

?Me da a mí que sí ?confirmó la portera.

?Bueno, entonces que aproveche. Luego hablaremos. Gracias y perdón.

Don Mauro tardó en subir al primero. Y lo hizo con una sensación de haberlo pasado mal, de mal gusto. Ensimismado llamó a la puerta de su casa. Servanda, al oír la campanilla, se extrañó. "¿Quién será a estas horas?".


De www.flickr.com
?¡Voy?gritó?, un momento! Y tú, no te menees dahí, pequeñajo ?ordenó cariñosamente a Juanín que jugaba en el suelo de la cocina ?. Antes de abrir descorrió la mirilla giratoria y miró. Tardó poco en abrir?. ¡Don Mauro! ?exclamó sorprendida.

?¿Esperaba usted a otro, Servanda? ?retomó su humor habitual don Mauro, al sentirse en sus dominios.

?No? No, claro. Pero ma extrañao que no abriera usté mismo.

?Es que me he dejado las llaves en el despacho ?mintió.

?Pues venga a comer, que ya está todo listo. Juanín está conmigo en la cocina. Él ya ha comío. Le tengo despierto pa que usté le vea.

?¿Y por qué no comemos usted y yo juntos en la cocina?

?Porque estaría mal.

?¿Y quién nos iba a ver?

?Este tunante que se va ahora mismo a la siesta. 
???? o O o ????

?Uy, qué elegantes venís esta tarde, y qué guapetonas. Ni que fuerais a la verbena.

?Sí, sí, a la verbena. Qué más quisiera una. Al médico es donde vamos a las seis menos cuarto.

A doña Consuelo no le gustó nada que esa tarde de sábado, las dos modistillas se fueran tan temprano. Y menos la hubiera gustado de saber la verdad. Pero, ante la mentira que habían urdido las dos jovencitas, no pudo hacer otra cosa. Así que cuando llegó la hora no pudo más que protestar.

?Pues no sabía yo que los sábados por la tarde pasaran consulta en el hospital.

?Es que, don Luis la ve en su casa y no podía otro día ni a otra hora. A la Gertru la tratao en ratos perdidos, por venir de don Mauro y no cobrar nada, ya se lo contamos, doña Consuelo. Mi madre no ha podido decirle que no ?Reme pensó que cuanto más grande, la mentira era más creíble.

?Bueno, pues sea. Pero el lunes tendréis que alargar la jornada.

?No pasa na. Y nos contará usté qué pasa con lo del señor Spay, no se olvide de oírlo.

?A ver, sola, qué más voy a hacer que escuchar la radio. Pero venga, andad, y a ver si ya te dan el alta, hija.

?Gracias, doña Consuelo. Sa portao usté también mu bien conmigo. Hasta el lunes.

?Id con Dios, hijas. Id con Dios?

Así se deshicieron de la obligación las dos mentirosillas, que salieron del portal de doña Consuelo riendo y con la cara encarnada. Ya en la calle Zurbarán, Gertru dejó la risa a un lado y avisó a su amiga:

?Calla, chica, que nos va a oír ?. Poco caso le hizo la amiga que andaba con la cabeza en otra cosa.

?¿Estoy bien, Gertru? ?preguntó la Reme con las manos en el talle.

?No se ta movío ni un pelo. ¿Y yo?

?Hija, tú estás que aparentas. No sé yo cómo ma invitao a mí el Venancio.

?Mu fácil, porque sa prendao de ti.

La sincera contestación de su amiga, paró la comparación mental que con ella se hacía la Reme, y le devolvió la alegría a la cara. 

?Eh, acorta el paso que va a creer el frutero que bebes los vientos(1) por él. 

?Sí, más vale hacerle esperar un poco, ¿no? Son los nervios. Es mi primera cita. Estoy algo nerviosa. Siempre he ido a tos laos con mi madre?

?Eso. ¿Y qué vamos a decir a tu madre cuando volvamos?

?Ella me dijo una vez que cuando no supiera qué decir, dijera la verdá.

?Pero se va a enterar y nos va a reñir.

?Va a hacer las dos cosas de todas formas. Así que?

?Tiés razón. Yo sigo diciendo que paece bruja. 


Iglesia de las Salesas, calle Sta. Engracia 18
 www.flickr.com (retocada)


Y ya en silencio subieron la calle Zurbarán para coger la de Santa Engracia, por la sombra, porque por el sol hacía calor. Al llegar a la esquina el reloj de las Salesas marcó las seis de la tarde y sus campanas lo anunciaron a los cuatro vientos.

?Vamos, aprieta, que llegamos muy tarde.

?¿No querrás coger el granvía? Además, que sespere el Venancio un poco, así conoceremos sumor y su interés.

?Pues a mí me gusta ser puntual ?protestó la Gertru.

?Claro, estás acostumbrá porque siempre has tenío patrona.

?Oye, ¿y qués un granvía?

?¿Estás tonta, Gertru? ¿Qué va ser? Pues un granvía con trole y eso.
???? o O o ????


Casino de Madrid 1900, calle Alcalá 15,
De www.todocoleccion.es

Servanda estaba contenta porque por fin don Mauro iba a salir, y no iría a la fábrica ni a misa. Esa tarde iba a dejarse caer por el Casino. Casino que no pisaba desde hacía tres años prácticamente. El ama no sabía los reales que cada año pagaba su señor por ser socio, pero presumía que eran muchos, y si hubiera sabido el monto de la cuota le habría dado un síncope. 

?Hay que ver qué guapo va el señor. Paece usté un marqués.

?Deje, Servanda, deje.

?Es questoy mu contenta de verle salir a distraerse un poco.

?Cosa que usted tampoco hace.

?¿A dónde voy a ir que más valga, don Mauro? A mí ya se ma pasao el arroz pa todo. Pero usté está en edad de disfrutar de la vida. Yo ya tengo novio y paseo con él por el parque. En cuanto se levante de la su siesta?

?No sé que sería de nosotros sin usted, Servanda.

?El crio estaría más consentío, seguro. Y usté y yo más solos. Pero ande, ande. ¿Qué sombrero le traigo? 

?El gris, Servanda. Y gracias.

Con el sombrero en la mano, aquel hombre salió de su casa, no muy convencido, pero decidido a retomar una vida que la muerte de su mujer había dejado en suspenso. En ella pensaba por las escaleras cuando volvió a encontrarse con su vecina de puerta, doña Elvira. 

?Buenas tardes, señora.

?Con usted quería yo hablar.

?Pues a su disposición.

?Sí, a la mía y a la de cualquiera.

?No le entiendo, perdóneme.

?¿No me entiende? Valiente? En fin, que parece mentira.

?Sigo in albis, doña Elvira, ¿qué le parece mentira?

?Que un hombre de honor, hecho y derecho, cabal, se enrede con una cualquiera.

?Yo, como dice usted, no me he enredado con nadie.

?Ah, ¿no? ¿Y esa del cuarto, qué?

?Esa del cuarto se llama Gretrudis, Remedios o Casta, y de cualquiera tienen poco. Esas mujeres, por el contrario, podrían dar clases de educación a cualquier cualquiera, si me lo permite usted.

?Habrase visto, esa mocosa lianta. Primero el señorito Luis, Dios le tenga en su gloria ?doña Elvira se hizo la señal de la Cruz?, y ahora usted. Por lo menos, el desaparecido joven tuvo la decencia de marcharse de Madrid? Para su desgracia. A saber quien es el verdadero padre de esa criatura que lleva en su seno esa Gertru. ¿O no se lo ha dicho esa lagarta? 

?Deje usted los adjetivos para quien los sepa usar, mi querida señora. Y no halague al muerto por el simple hecho de estarlo. Hay gente que muere y acaso se lo merezca, como creo que es el caso. Y como verá, estoy mejor informado que los que ponen oído a bulos y falsos testimonios, porque lo sé de primera mano.

?Claro, qué le va a decir ésa.

?Si ésa es doña Virtudes, cosa que dudo, sería un error no tenerla en cuenta. Al fin y al cabo ella está ahora en la misma situación que usted, pero no culpa a nadie de su pérdida, salvo al propio hijo. Esa señora sabe reconocer la verdad, incluso desde el dolor.

?Va a saber usted.

?En el libro de pésames del señorito Luis no vi su firma ni la de su valiente marido. Y según me dijo la portera, yo fui el último en firmar porque le habían encargado ya que recogiera la mesita puesta para tal fin.

?Bueno, bueno ?recogió velas doña Elvira?. Luego no diga que no se lo avisé.

?Agradecido quedo de su buena voluntad, señora. Espero que quede usted igual por la información que le traslado. Y no haga usted como las comadres del refrán(2).

Al recibir como respuesta la espalda de la vecina, don Mauro se dio por satisfecho, ya que aplicó aquello de que tras el silencio, consentimiento. 


1924. Coches de punto en Madrid a la espera de clientes. De historias-matritense blogspot.com.es
Complacido, pero dándose la razón por las dudas que le surgieran al volver de la fábrica ese mediodía, salió a la calle. La tarde era calurosa. Lógico por otro lado. Con el dedo índice entre su cuello y el de la camisa, trató de alejarlos un poco. Pensó en acercarse a la plaza de Chamberí y alquilar un coche de punto(3) para que le acercara a la Gran vía, pero por algún motivo le apetecía pasear, apenas se tardaban veinticinco minutos, y era cuesta abajo. Giró a la izquierda en Santa Engracia y se dirigió hacia la plaza de Alonso Martínez. En busca de la sombra que los edificios le brindaban, cruzó la calle y al pasar frente a la iglesia de las Salesas, el reloj de la iglesia marcó las seis de la tarde y sus campanas lo anunciaron a los cuatro vientos. El encuentro no fue desagradable, pero sí tan sorprendente para unas como para otro.

?Buenas tardes, señoritas. Cuánto de bueno por la calle.

?Buenas tardes, don Mauro ?contestaron al unísono las dos jóvenes. 

?¿De vuelta del taller?

?No ?contestó Gertru toda inocente y alegre?. Nos vamos a la verbena.

?Mira qué bien. A divertirse. Aunque tengan cuidado, dos mujeres guapas solas? ?quiso ser galante don Mauro.

?No vamos solas. Nos espera el Venancio y ya llegamos tarde?. Esta vez fue Reme quien mostrara su inocencia.

?Me alegro ?mintió don Mauro?. Eso está mejor. Pero corran, corran, no hagan esperar a la compañía. 

?Vamos, Reme. Adiós, don Mauro.

?Adiós, chiquillas, que lo paséis bien?. En eso sí fue sincero el que quedó cabizbajo.

Don Mauro siguió su camino, opuesto al de las jóvenes, y con un Venancio que daba vueltas en su cabeza.
???? o O o ????

En el tercero derecha del número cuatro de la calle Españoleto, justo debajo de la señora Casta, vivían dos hermanas en un piso cuya planta era casi el doble que la de arriba, ya que el cuarto piso estaba dividido en tres viviendas, mientras que el resto lo estaba en dos. Hijas de un teniente coronel ya fallecido. De edad avanzada, la señorita Pepita, la mayor, y la señorita Paulita, la menor, fueron en su día monjas de clausura, pero la soberbia de la primera arrastró la compañía de la segunda, más humilde, fuera del convento. En él quedó una tercera, la mediana, y la más dotada para la vida religiosa, allá por Villanueva del Arzobispo, Jaén. Una vez fuera de la clausura, la señorita Paulita entró en la docencia y ejerció de maestra en el Colegio de las Damas Negras de Chamberí(4) hasta su jubilación, en tanto que su hermana se dedicó a las labores de la casa.

Quiso la señora Casta que la Gertru comunicara su estado a su familia. Y como ninguna de las tres sabía escribir, hubieron de recurrir a estas vecinas para redactar la misiva.

?Son las más adecuadas, hija, porque no creo que quieras hacerle el encargo a don Mauro.

?No, no ?contestó rauda y veloz la Gretru.

?Al menos, consúltalas. Jamás en la vida he oído de su boca un cotilleo ni na por el estilo. Son gente de fiar, y la señorita Paulita es un cielo de anciana. Y hasta sabe francés.

?Pero, no sé yo si quiero, doña Casta.

?Habla con ellas, pídeselo y así cuando creas oportuno pues ya lo tiés resuelto.

?No sé, no sé?

Como Gertru se mostrara reticente, Reme consiguió convencerla para que, al menos, hablara con ellas y así ocurrió. La señorita Paulita con su dulzura y paciencia encaminó a la joven embarazada hacia la posibilidad de que fuera ella misma la que escribiera cuando se decidiera a hacerlo. La joven consintió y la maestra empezó a enseñar a las nuevas alumnas la base de las letras y la caligrafía, así como los principios de la lectura. Por lo que todas las mañanas, antes de las obligaciones de la portería, usaban una hora para tal fin.

De este aprendizaje nacería una relación que uniría a las dos familias durante mucho tiempo como se verá más adelante. 
 [Continuará]

N.A.

Tanto la señorita Pepita como la señorita Paulita existieron y su descripción es real. Fueron vecinas de quien les habla y sirvan estas líneas como homenaje a esta pareja de grandes mujeres que me quisieron y quise. Nunca olvidaré la dulzura de la menor. A la mayor debo los cien primeros libros que tuve y leí. De la tercera hermana sólo supe que existió.

1) Gonzalo Correas en su Vocabulario de refranes (1627) le asigna origen latino: "In desiderio animae meae attraxit ventum amoris sui", algo así como "Contra mi propio deseo me trajo el viento de sus amores" (mi conocimiento del latín fue mucho, pero hoy está oxidado por completo, si alguien puede corregir esta mala traducción que lo haga, por favor). Ya en un texto en español, Francisco Gregorio, en sus Poesías serias y jocosas (1775) escribe: "Con diferentes intentos / que a beber viene imagino / por él en sus pensamientos / por el vaso bebe vino / pero por ella los vientos".

2) Aquí don Mauro se refiere al refrán: Mal me quieren mis comadres porque digo las verdades". Refrán antiguo que ya cita Covarrubias en 1611. Y lo amplía con otro: "[?]; bien me quieren mis vecinas porque las digo las mentiras". El Diccionario de Autoridades (1726) también y cita su origen del latín. Si bien, el primero fue el Marqués de Santillana en sus Refranes que dicen las viejas tras el fuego (1508). Ya está en desuso, por desgracia.

3) Según el DRAE coche de punto es aquel "matriculado y numerado con destino al servicio público por alquiler y que tiene un punto fijo de parada en plaza o calle". Y ahora un par de curiosidades: "Un error publicado en la revista La Ilustración  Española y Americana en su número de 4 de febrero de 1876, atribuye a un tal Simón González la invención de los simones, los primeros coches de alquiler que circularon en el mundo. Basándose en este dato, son muchos los historiadores que, dando por buena la fuente, incurren en esta inexactitud. Fue Simón Tomé Santos nacido en Corcubión a principios del siglo XVIII [quien lo inventara]. Siendo aún mozo, sin formación académica conocida, se marchó a Madrid en busca mejor fortuna. Allí se dedicó a los más diversos oficios, pero su espíritu emprendedor le llevó a intuir que para sustituir a los carros, carísimas carrozas, pesadas galeras, o literas de mano que circulaban por la ciudad desde tiempos de Felipe II, convenía dotar a Madrid de modernos coches de alquiler que facilitaran el transporte de las personas. Para ello inventó un tipo de coche con tiro de caballos o mulas, muy cómodo y ágil. Por casualidades de la vida, este coche prestó (según Ángel Fernández de los Ríos) «grandes servicios a Fernando VI en las jornadas de los Reales Sitios», y por este motivo [Simón Tomé] consiguió poco después, del todopoderoso marqués de la Ensenada, una licencia para coches de alquiler con puntos fijos de parada, horarios en función de la época del año y uniforme para los cocheros. Simón Tomé se puso manos a la obra y enseguida fundó una fábrica con sus correspondientes cocheras, que ubicó en el actual barrio del Pilar de Madrid. Al ponerlos en circulación, dotó a la Villa y Corte de los primeros vehículos de punto. El nuevo coche se popularizó tanto entre la población madrileña que cualquier nuevo carruaje de alquiler se le llamó simón. Y así siguió llamándosele a los primeros automóviles de alquiler hasta el primer tercio del siglo XX en el que, con la implantación de los taxímetros, se pasó a llamarles taxi". Fuente: La Voz de Galicia, Alejandro Lamas Costa, 20/05/2009.

4) Actualmente Colegio Blanca de Castilla perteneciente a la Fundación Educación y Evangelio. Las monjas francesas del Niño Jesús, las damas negras, construyeron  este colegio entre 1905 y 1906 bajo el madrinazgo de la Reina Madre María Cristina. Y es curioso que el nombre de este barrio, Chamberí, venga también de Francia, en particular de la ciudad de Chambery, capital de Borgoña.

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