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EL Mito de Aracne.

Diferentes bordadoras, hilanderas, tejedoras y encajeras son nombradas por Homero en sus poemas la Ilíada y la Odisea. Muchas diosas ocupaban su tiempo en este tipo de labores, habitualmente de acepción femenina, aunque no ha sido siempre así. En ocasiones, el propósito de su pasatiempo no consistía en la satisfacción de lograr un producto artesanal, sino que, a veces, era entendido como una expresión de paciencia, de dedicación, o incluso, tratando de retorcer la historia y llegar a un objetivo en concreto, manipulando al resto de actores de dicha historia.

Uno de los personajes mitológicos más conocidos que realizara trabajos textiles fue Penélope. Hasta veinte años estuvo deshaciendo por la noche el avance del día en el sudario para Laertes, evitando así aceptar a ningún pretendiente, y esperando a que su amado Ulises regresara de la Guerra de Troya. Por eso, se le considera un símbolo de la fidelidad conyugal.



Por el contrario, poco se sabe de la que consiguió ser reconocida como la mejor bordadora y tejedora de la ciudad de Hipepa: Aracne.
Aracne era hija de Idmón de Colofón, conocido por teñir de púrpura lanas llegadas de Tiro.

El exceso de alabanzas por sus labores llevó a Aracne a creer que poseía una destreza para tejer y bordar incluso superior a la de la propia Atenea, diosa de la guerra, de las artes y de la habilidad, de la sabiduría y de la artesanía, entre otros saberes.

Atenea, según la mitología griega, adorada como Minerva en la mitología romana, recibió el comentario como una auténtica ofensa a su deidad, se disfrazó de anciana e intentó que la tejedora reconociera su inferioridad. Pero lejos de ser así, Aracne propuso una demostración de las artes de cada una, incluso tras saber de la verdadera identidad de su oponente.

El tapiz que tejió Atenea representaba cómo ella misma había vencido a Poseidón, hecho que le valió para ser la patrona de la ciudad de Atenas. Aracne, por su parte, mostró en su bordado una veintena de infidelidades de los dioses, entre ellas, las de Zeus, padre de Atenea. La perfección de este trabajo fue reconocida hasta por la misma Atenea, pero lo expresado en él levantó su furia, destruyendo tapiz y telar. Fue cuando Aracne se dio cuenta del fallo que había cometido e intentó ahorcarse.

Según Ovidio, la fábula concluye cuando Atenea salva a Aracne de su muerte, pero la condena a ser una araña, obligada a tejer el resto de su existencia, como medio para conservar esa existencia... al igual que las arañas utilizan la tela que tejen para obtener el alimento.



Bordado alegórico, trabajado por Cristina.

Ideas de realización: Naty Ramírez.

Siempre había pensado que yo era Penélope, dulce y paciente, con el hilo deslizándose suave entre mis dedos, perfectamente peinada y suspirando, mientras espero a que mi Ulises vuelva de su guerra. Sin embargo, hoy estoy convencida de que soy Aracne, que busco desesperada un hilo, ansío moldearlo y girarlo, entrelazarlo y cruzarlo... porque necesito coser, tejer, tricotar, bordar o flecar para mantenerme viva...



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