En huída cobarde, sin aliento,
discurriendo eones en ese gélido ataúd;
En el plagio de ese beso que presumes
en bocas ajenas;
Al palpar la oquedad de caricias negadas;
Cuando la traición aplasta de un golpe
el corazón más tierno;
Al encarar la retirada de los enamorados;
Son tantas, inconfensables e hirientes las
causas donde uno perece para no volver más;
Hasta por esos ojos esquivos que
no supieron amar.