Pensé que de niña me hubiese gustado tener esa carita tan expresiva en un sitio que pudiese ver frecuentemente, la bordé, y al final decidí aplicarla a un cojín con forma de rulo y caramelo, pero con una jaretas para colocar las horquillitas de cualquier princesa. Aún no tiene dueño, se trataba de una ilusión y no sé cual será su destino, pero disfrúté haciéndolo. Espero que os guste.