¡Bienvenida, rutina!

Nos hemos dado las vacaciones más largas que recuerdo en mucho tiempo. Vacaciones de madrugar, de responsabilidades y también de blog. Hacía tiempo que no era capaz de desconectar durante tanto tiempo y con tantas ganas de todo.

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Tuvimos incluso tiempo para salir de casa. Nos cogimos el coche, una maleta ligera a la que no le faltaron las chaquetas y pasamos una semanita de vuelta en mi casa. Con mi familia, mis calles... y mi lluvia. Hizo sol el primer día que estuvimos allí y el resto del tiempo lo pasamos encerrados en casa. Pero después de salir a las 9 de la mañana de Castellón con 30ºC, tampoco es que nos quejásemos mucho. Habíamos hecho muchos planes y nos quedaron todos por hacer (menos comer hasta morir, ese lo cumplimos con ganas... y me he traído la receta de la masa de empanada).

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Hemos descansado de responsabilidades sin remordimientos. Qué más da si llevo dos días sin pasar la escoba, o si nos hemos quedado sin lejía. Hemos hecho muchas planificaciones de comida que no llegamos a cumplir, algunas veces por pereza, otras por aceptar invitaciones (“y otro día que no tenemos que fregar platos”). He conocido la noche en Benicássim abarrotada y he conocido la noche en Castellón vacía. Llevamos desde principios de agosto solos en el edificio. Parece que toda la ciudad se ha ido de vacaciones.
Y los mosquitos tigre se han cansado de conocerme a mí.

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Esta semana volvemos a la rutina. De momento hay demasiado calor para volver a tejer, y tengo muchas otras inquietudes y ganas de aprender otras cosas como para apurar a volver a hacer amigurumi. He conocido al bebé para el que llevo casi un año tejiendo e inspirándome en Pinterest y es adorable. Así que sigo buscando patrones y cosas bonitas que hacerle.
La familia de mi novio empieza a pedirnos descendencia, pero de momento estoy contenta tejiendo solo para los bebés de otros.
Con la nueva rutina llegan muchas nuevas responsabilidades. Le di una oportunidad a los currículums y no tengo paciencia para darle una segunda. Toca autoemplearse, que alguna gente le llama emprender y yo le llamo achantar. Toca hacerse un horario estricto para trabajar, no olvidarme de seguir haciendo lo que me gusta, tener tiempo de llevar una casa y respirar.

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Tengo proyectos en mente. Aún tengo que ordenar algunos en la lista de prioridades, pero la lana está presente en alguno de ellos. A coser tengo que encontrarle un hueco todavía en ese horario que me voy a hacer. Quiero empezar cosas nuevas, quiero aprender otras y quiero continuar otras que se tuvieron que quedar aparcados por no ser el momento adecuado.
De momento, creo que he aceptado que el blog nunca me va a dar de comer. Es difícil aceptarlo, después de todas las horas que he invertido en él y en aprender para él, pero me quito un peso de encima. Seguiré con él, por supuesto, pero rebajaré la presión que me ejerzo a veces y si no publico 12 veces en un mes dejaré de apenarme. Sigue alto en la lista de prioridades, pero el trabajo remunerado vendrá antes.

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¡Bienvenida, rutina! ¡A volver a empezar!
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