Alemania

Alemania

Ocupa el sector de la Europa Central que, desde el arco alpino, se extiende desde el Mar del Norte hasta el mar Báltico, estando limitada al oeste por el río Rin y al este por una línea que sigue las crestas de la selva de Bohemia, los Montes Metálicos y los cursos de los ríos Neisse y Oder. Estos 2 ríos, los Montes Metálicos y la selva de Bohemia, los ríos Inn y Danubio, el lago de Constanza y el río Rin son las fronteras políticas de Alemania, mejor definidas por accidentes geográficos; el resto son solamente límites artificiales y convencionales.

Limita:

Norte: Con el mar del Norte, Dinamarca y el mar Báltico.

Este: Con Polonia y la República Checa.

Sur: Con Austria y Suiza.

Oeste: Con Francia, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos.

Arte

Sólo se puede hablar de un arte germánico a partir de la época carolingia, casi al ?mismo tiempo que se define una frontera lingüística constante. Los fenómenos artísticos anteriores (época prehistórica y romano imperial) no presentan en Alemania caracteres originales. No obstante, antes del florecer carolingio es diga de florecer la fase del arte bárbaro, desarrollada desde el s. VI, que se manifiesta, sobre todo, en el trabajo de los metales. El impulso arquitectónico del s. VIII (fundación de Fulcla, Reichenau y Brena) tiene su momento culminante en el palacio de Carlomagno, en Aquisgrán, del que se conserva la capilla. En los s. X y XI se desarrolla el arte otoniano, notable, sobre todo, en la escultura (puertas de bronce de Hildesheim, figuras de los profetas de la catedral de Bamberg y figuras de los emporios de Groninga). El descendimiento, en madera, del convento de Abdingof (1115) está considerado como la primera escultura románica de Alemania. Originariamente románicas, pero después reconstruidas, son varias catedrales del Alto Rin y de la Baja Sajonia, que revelan, a veces, (Spira, Worms, Maguncia y el cuerpo occidental de la abadía de Santa María de Laach) la influencia coetánea de la arquitectura comacina. El gótico, que penetró por el Norte de Francia, se desarrolló en Alemania a partir del s. XIII, manteniéndose hasta muy entrado el s. XVI. Si bien las primeras catedrales (Colonia, Magdeburgo, Bamberg) revelan la influencia francesa, la de Estrasburgo ya es creación original, caracterizada por elementos locales, y es considerada uno de los mejores ejemplos del gótico flamígero. Gran importancia como elemento esencial de la arquitectura tiene la escultura (estatuas de Bamberg, Nüremberg y puertas de las vírgenes de Magdeburgo). En el s. XIV alcanza gran importancia la pintura. En Colonia y en Viena se hallan las escuelas pictóricas más importantes. En la primer ciudad trabajó Juan de Valkenburg, cuyo estilo gótico, míticamente espiritual, carecía de dramatismo. En los mismos años, en Viena, los retablos de la capilla de San Leopoldo, en Klosteneuburg, atestiguan en sus efectos expresionistas, reminisciencias de Giotto di Bondone. De tendencia naturalista se manifiesta el hamburgués Meister Bertram, autor (1379) del gran altar de la Petri-Kirche (hoy en el Museo de Hamburgo). En Hamburgo también trabajó uno de los más grandes representantes del gótico internacional: Meister Francke, autor del nicho de la Englandfahrer (1424, Museo de Hamburgo). Aun desenvolviéndose dentro de la tradición gótico – tardía, estos artistas están influidos, dentro de la búsqueda de la naturaleza, por la pintura italiana y francesa. Característica análoga se encuentra en la pintura de Lukas Moser, Konrad Witz, Hanz Mulstcher y Stephan Lochner o (Meister Stephan).

Alberto Durero, considerado como el iniciador del renacimiento en Alemania, y Mathis Grünewald, más unido a la tradición gótica, dan paso a la pintura del s. XVI. Alumno de Durero, pero fascinado por las fantásticas visiones de Grünewald, es Hans Baldung Grien, que también fue un notable xilógrafo. Otros grandes maestros de la época fueron Albretcht Altdorfer, iniciador de la escuela danubiana, Lucas Cranach, el Viejo, Hans Holbein, el Viejo, Hans Holbein, el Joven y Hans Burgkmair, el viejo.

La escultura, entre los s. XV y XVI, tiene su mejor representante en Peter Vischer, el viejo, miembro de una familia de escultores de Nüremberg. El s. XVI y XVII son 2 s. de gran impulso arquitectónico. Característica de los edificios civiles y religiosos de esta época es la tendencia a combinar motivos y estructuras clásicas y barrocas italianas con elementos nórdicos, como se puede observar en las obras de Elias Holl. La fachada de la Armeria de Augsburgo, obra de Holl, estaba inspirada en los ?modelos del Renacimiento Italiano. Entre los escultores, Hans Leinberger muestra ya una cierta sensibilidad barroca (altar tallado de la catedral de Moosburg); y en el campo de la pintura, a fines del s. XVI, el gusto manierista de la corte de Rodolfo II, en Praga, penetró en Alemania, pero sin producir todavía grandes obras maestras. A principios del s. XVI, Adam Elsheimer y Johann Liss recoger, interpretando cada a cual a su manera, el estilo de Michelangelo Merisi da Caravaggio. En el s. XVIII Alemania recibe la influencia cultural de varias naciones; pero Franconia es, no obstante, la región en que el estilo barroco alemán muestra su mayor florecimiento; en ella se encuentra la más bella muestra de la arquitectura alemana del s. XVIII: el santuario de la Vierzehbeiligen (1473 – 1772) realizada por Johann Balthasar Neumann. La grandiosidad y vivaz fantasía de la decoración, que tiende a crear un sentido de maravilla irreal, el uno de los elementos característicos del barroco alemán.

En el campo de la pintura, entre los numerosos artistas que se dedicaron en este período a las decoraciones al fresco, cabe recordar a Franz Anton Maulpersch, uno de los más representativos de las tendencias del s. Adquieren entonces un gran impulso las artes menores, orfebrería y muebles, al mismo tiempo que se hacían rápidamente famosas las manufacturas de la cerámica de Meissen y Furstenberger, Entre los escultores merecen citarse Balthasar Permoser, Andreas Schluter, que fue también arquitecto y, sobre todo, Ignaz Günther. De finales del s. XVIII hasta muy avanzado el s. XIX, el neoclasicismo y el eclecticismo son el Alemania. Como en toda Europa, las 2 tendencias fundamentales de la historia de la arquitectura. Pero aun teniendo en Alemania a sus iniciadores y teóricos (Johann Joachim Winckelmann) el neoclasicismo no presenta grandes figuras, salvo Karl Friedrich Schinkel y Leo von Klenze. Pero si tienen particular interés las planificaciones urbanísticas como las de Karslruhe, proyectado por Johann Jacob Friedrich Weinbrenner y la célebre Avenida Under del Linden, o las puertas de Brandeburgo y las de Langhas, en Berlín. Un buen ejemplo de los revivals es la Opera de Dresde, de Gottfried Semper, en estilo renacentista, mientras que en estilo gótico se terminó la construcción de la catedral de Colonia.

En la pintura, el gusto romántico tiene sus más grandes exponentes en Phillip Otto Runge y Caspar David Friedrich, paisajista sugestivo y fantástico. Otro grupo de románticos alemanes se reúnen en Roma, alrededor de Friedrich Joahnn Overbeck, en la Cofradía de los Nazarenos. El realismo de Jean Desiré Gustave Courbet penetra en Alemania de mano de Wilhelm Leibl, mientras que Arnold Böclin y Hans von Marées hacen reaparecer los temas alegóricos y simbólicos que inician una tendencia neorromántica. El impresionismo francés se insinúa a principios del s. XX, en la pintura de Max Lieberman y el Liberty, que en Alemania toma el nombre de Jugdenstijl, sea afirma con Gustave Klimt y la Secesión Vienesa. La constitución, en Dresde, del grupo “Die Brücke” y el movimiento “Der Blaue Reiter”, en Münich, pone al país en la vanguardia artística de Europa: de aquí nace, en efecto, los movimientos del expresionismo y el abstractismo. Münich, que acoge durante un tiempo a Auguste Macke, Vasily Vasilyevich Kandinsky, Paul Klee y otros, es en esos momentos, el centro artístico más importante. El expresionismo, en la escultura tiene a Ernst Barlach como su máximo exponente. Pero también hay otras corrientes en Alemania: desde el cubismo (Lyonel Charles Adrian Feininger) hasta el surrealismo ?(Max Ernst), después de 1920 nace, en la obra de Otto Dix Y George Grasz, la “Neue Sachlikeit” (Nueva Realidad), pintura de fuerte sátira socio-política. Con la llegada del Nazismo, que consideraba degeneradas a las mejores conquistas del arte alemán, la situación cambió radicalmente. Los artistas fueron perseguidos, aislados, obligados a exiliarse, y sus obras destruidas o confiscadas. En arquitectura, la difusión del estilo monumental y académico del régimen y el cierre (en 1933) de la Bauhaus de Walter Adolph George Gropius, pusieron fin a un período en que los mejores arquitectos alemanes, desde Peter Behrens hasta Ludwig Mies van der Rohe, desde Erich Mendelsohn hasta el propio Walter Adolph George Gropius, habían influido en forma decisiva en toda la arquitectura moderna. Sus principios, que se habían extendido por todo el mundo, fueron nuevamente aplicados en Alemania Occidental en la reconstrucción de la post-guerra.

Hans Holbein, el Joven, es el más completo pintor del renacimiento germánico. Introducido en la corte londinense por Desiderio Erasmo de Rotterdam, trabajó largo tiempo en ella, donde pintó importantes retratos.

Heredero del renacimiento carolingio, nace con gran fuerza a mediados del s. X, durante el período otónida. Ya en el románico, s. XI, se construyen iglesias abovedadas (catedrales de Spira, Worms y Maguncia). En el s. XIII empieza la penetración del gótico francés (catedrales de Estrasburgo, Friburgo y Colonia). En el XIV se construyen edificios civiles y las Hallenkirchen (iglesias-salas). El Renacimiento tiende a una fuerte ornamentación (castillo de Heidelberg). El barroco sigue modelos italianos: (palacios de Schönbrunn y Belvedere en Viena) y abre paso a un exuberante rococó (residencia de Wurzburgo). Hacia 1770 surge el neoclasicismo, con el pintor Mengs y el arquitecto Langhans, figuras destacadas del s. XVIII; en el XIX se abandonan progresivamente los modelos clásicos y en el XX se tiende a una mayor libertad estilista (Jugendstil). Behrens marca el inicio de la arquitectura racionalista cuyos maestros serán W. Gropius y L. Mies van der Rohe.

La escultura revela la influencia francesa en el s. XII, pero consigue una fuerza expresiva peculiarmente germánica (catedral de Estrasburgo). A fines del XV, un grupo de tallistas en madera influye en toda Europa (Riemenschneider). La dinastía de broncistas Vischer ejemplifica el paso del gótico al Renacimiento. A principios del s. XX, grandes cultivadores expresionistas: Wilhelm Lehmbruck, Ernst Barlach, Georg Kolbe y Ewald Wilhelm Hubert Mataré.

La pintura arranca de las miniaturas carolingias (escuela de Reichenau). En el gótico destacan las escuelas de Franconia, Suabia y Colonia (Stephan Lochner), M. Schongauer y H. Holbein el Viejo. En el Renacimiento florecen grandes pintores: M. Grünewald, H. Holbein el Joven, A. Durero, Altdorfer y L. Cranach el Viejo. Entre los pintores románticos destacan Runge y Friedrich. Schwind y Spitzweg representan el estilo Biedermeier. Después del realismo de Thoma y Leibl, surgen el impresionismo (Liebermann) y el expresionismo (Nolde, Kirchner), que aborda ya el arte abstracto (Klee y Kandinsky). Max Ernst es figura del surrealismo, y Baumeister y Hartung lo son del arte no figurativo.

Arte Otoniano

El arte otoniano ha dejado marfiles refinados, fastuosos trabajos de orfebrería y miniaturas de sorprendente belleza, iluminadas con extraordinaria riqueza de colores, pero contenidos en una atmósfera de compuesta solemnidad y austeridad, ignorados por los artífices carolingios, y que revelan el gusto de estas obras.

Entre las creaciones más sensacionales de la pintura otoniana se encuentran las 4 figuras de los evangelistas que, con ademán vigoroso, sostienen su símbolos, rodeadas de cabezas de profetas. Los colores, vivamente contrastados, destacan el ímpetu expresivo que los anima.

El arte otoniano es un estilo dentro del arte prerrománico. A este florecimiento de las artes se le ha llamado también “Renacimiento otoniano”, en el mismo sentido en que se habla de “renacimiento carolingio” para hablar del florecimiento posterior a la coronación de Carlomagno en el año 800. Se desarrolla, principalmente en Alemania, desde mediados del s. X hasta mediados del s. XI, durante la dinastía sajona del Sacro Imperio Romano Germánico.

El arte otoniano funde tres tradiciones: las de la antigüedad tardía especialmente en el arte del norte de Italia, el período carolingio, y bizancio.

Este renacimiento de las artes y la arquitectura se produce bajo el patronazgo cortesano de Otón I de Alemania (936–973), hijo de Enrique I el Pajarero, y sus inmediatos sucesores: Otón II (973–983), y Otón III (983–1002). Comenzó después del matrimonio de Otón con Adelaida de Italia (951), que unió los reinos de Italia y Alemania y de esta manera acercó Occidente al Imperio Bizantino, reforzando la causa de la unión entre cristianos con su coronación imperial en 962. Los emperadores posteriores residieron principalmente en el norte de Italia, llegándosele a acusar de cierto abandono de los asuntos al norte de los Alpes. Ni Otón II ni Otón III pasaron mucho tiempo al norte de los Alpes, produciéndose durante sus reinados un arte fuertemente bizantinizado. A veces se considera que abarca también el reinado del último emperador de la dinastía, Enrique II, emperador a partir de 1014 y el primero que asumió el título de rey de los Romanos; rara vez se incluye dentro de este arte la época de la dinastía salia inaugurada por Conrado II en 1024. El término se circunscribe generalmente a la cultura de la corte imperial llevada a cabo en latín en Germania.

El “renacimiento otoniano” se manifiesta especialmente en las artes y la arquitectura, revitalizadas por el contacto renovado con Constantinopla, en la reviviscencia de algunas escuelas catedralicias, como la de Bruno I, arzobispo de Colonia, y en la producción de manuscritos iluminados, la principal forma artística de la época, de un puñado de scriptoria de élite, como Quedlinburg, fundado por Otón en 936 y en la ideología política.

Las abadías imperiales y la corte imperial se convirtieron en centros de vida religiosa y espiritual, guiados por el ejemplo de mujeres de la familia real: Matilde de Ringelheim, la ilustrada madre de Otón I, o su hermana, Gerberga de Sajonia, o su consorte Adelaida de Italia, o la emperatriz Teófano.

Después de la coronación imperial de Otón I en 962, emergió una fe renovada en la ?idea del Imperio en el círculo inmediato de Otón I y una iglesia reformada, creando un período de fervor cultural y artístico. El arte otoniano fue un arte cortesano, creado para confirmar la existencia de un vínculo entre los emperadores y los gobernantes cristianos de la antigüedad tardía, como Constantino, Teodorico y Justiniano, así como con sus predecesores carolingios, en particular Carlomagno. Esto se logró de diversas maneras. Por ejemplo, se representaba a los emperadores flanqueados por militares y eclesiásticos, imagen que resulta de una larga tradición iconográfica imperial. Así puede verse si se compara el retrato bizantino de Justiniano en el marfil Barberini, con el retrato de Otón III en los Evangelios de Munich de Otón III (Biblioteca estatal de Baviera, en Múnich, cód. 4453). Otro procedimiento popular para recordar el linaje imperial de Otón era quitar elementos arquitectónicos de antiguas estructuras de Roma y Rávena e incorporarlas a edificios otonianos. Tal era la intención de Otón I cuando quitó columnas, algunas de pórfido, y otros materiales constructivos, del Palacio de Teodorico en Rávena y los usó en su nueva catedral de Magdeburgo.

En líneas generales, es una prolongación del arte carolingio, y como éste estableció estrechos vínculos con Italia y recibió una fuerte influencia bizantina, bajo los reinados de Otón II y de su hijo Otón III. Los grandes centros culturales se hallan en Reichenau, Saint Gall, Tréveris, Colonia, Echternach y Ratisbona. La arquitectura posee un sello claramente nacional, antilatino; prefiere los planos grandes, con tendencia a las plantas centrales; interiores sobrios y solemnes: San Ciriaco de Genrode (s. X y XI), San Pantaleón de Colonia, Santa María de Hildesheim, Capilla Palatina de Valkhot (Nimega). La escultura es poco rica; la obra maestra se halla en las puertas de bronce de la catedral de Hildesheim, de 1015, obra del obispo Bernward; en bronce fueron realizadas también la columna de Hildesheim y las puertas de Augsburgo. La miniatura funde la expresión áulica bizantina y el patetismo carolingio con una nueva expresión alemana, de figuras con dinámico plasticismo expresivo; son interesantes los manuscritos con los retratos de los emperadores y sus esposas (manuscrito de Aquisgrán) y las alegorías femeninas representando las provincias (Evangeliario de Otón III); del s. x son el Evangeliario de Gereón y el Código de Egberto (980). El arte de trabajar el marfil adquiere en este período gran importancia; el centro principal de producción de marfiles se halla en Metz; la pieza más hermosa es el cubo para el agua lustral del arzobispo Godofredo (s. x). Además de este tipo de arte de carácter áulico, aparece un trabajo de marfil de tipo popular que anuncia el arte románico. La obra más importante de la orfebrería otónida es el frontal del altar de Basilea (h. 1020).

Pintura

Un pequeño grupo de monasterios otonianos recibieron el apoyo directo del emperador y los obispos y produjeron algunos de los más notables manuscritos iluminados medievales, la principal forma artística de la época.

La pintura otoniana se considera como un renacimiento, durante el s. X, de la pintura carolingia, de la que toma su expresividad, fundiéndolo con la iconografía romana y bizantina, que aporta su típica solemnidad. Abundan entre sus miniaturas los paisajes, los motivos arquitectónicos y los retratos de emperadores. Otón quedó ?escandalizado por el estado de la liturgia en Roma, así que encargó el primer Libro Pontifical, un libro litúrgico que contenía tanto oraciones como instrucciones sobre el rito. La compilación del Pontifical romano-germánico, como se le llama actualmente, fue supervisado por el arzobispo Wilhelm de Mainz.

Los primeros manuscritos parece que se realizaron en la abadía imperial de Corvey, sobre el río Weser (Renania del Norte-Westfalia).

Después del año 1000 realizó manuscritos el scriptorium de Hildesheim.

En Tréveris trabajó el llamado Maestro del Registrum Gregorii (Musée Condé, Chantilly), o Maestro de Gregorio, en los años 970 y 980. Es responsable de algunas de las miniaturas del influyente Códice de Egberto (Codex Egberti) (Bibl. de Tréveris).

No obstante, la mayor parte de las 51 imágenes de este Códice de Egberto, un evangeliario hecho para el arzobispo Egberto de Tréveris en la década de los años ochenta del s. X, se hicieron por dos monjes del más destacado scriptorium de la época: el de la isla de Reichenau, sobre el lago Constanza. El Codex Egberti es representa en sus imágenes el primer ciclo extenso de imágenes que narran los eventos de la vida de Jesucristo en Europa occidental, en una fusión de estilos que incluyen las tradiciones carolingias así como rasgos de influencias insulares y bizantinas. Ninguna otra obra caracteriza la imagen del arte otoniano mejor que las miniaturas que se originaron allí. Estos manuscritos producidos en el monasterio de Reichenau, lago Constanza forman parte, desde 2003, del Programa Memoria del Mundo. El scriptorium de Reichenau se especializó en ilustraciones del Evangelio en libros litúrgicos, muchos de los cuales eran encargos imperiales, como los Evangeliarios de Otón III (entre 997 y 1002, conservados en Aquisgrán y Múnich) y el Leccionario de Enrique II (principios del s. XI, Biblioteca estatal de Baviera, Múnich, cód. 4452).

Otros manuscritos famosos incluyen el Evangeliario de Reichenau, El Codex Liuther y el Apocalipsis Bamberg (creado entre los años 1000 y 1020). Otros importantes scriptoria monásticos que florecieron en la época otoniana, produciendo manuscritos, son los de: Colonia, donde a principios del s. XI se elaboraron evangeliarios para la abadesa Hitda de Meschede (Bibl. de Darmstadt; cód. 1640) y el Sacramentario de San Gereón (Biblioteca Nacional de Francia, cód. lat. 817), de fuerte influencia bizantina, con pinceladas intensas y vivos colores. Ratisbona. En este scriptorium, que gozó del patrocinio de Enrique II, se escribieron el Sacramentario de Enrique II (Bibl. de Múnich, cód. 4456) y el Leccionario de la abadesa Uta de Niedermünster (Bibl. de Múnich, cód. 13601). Echternach, floreció a finales del período otoniano, con obras como el Evangeliario Dorado de Enrique III (El Escorial, cód. Vetrinas 17). Salzburgo, también de mediados del s. XI, en donde se hizo el Leccionario de la biblioteca de los arzobispos de Salzburgo (Bibl. de Múnich, cód. 15713).

Se conservan algunos frescos de esta época en la iglesia de San Jorge del monasterio de Oberzell, situado en la isla de Reichenau, así como en Goldbach. Son pinturas que deben mucho al Norte de Italia.

Arquitectura

La arquitectura de la época otoniana abarca desde mediados del s. X hasta mediados del s. XI. Viene precedida por la arquitectura carolingia y seguida por el románico, por lo que presenta cierta continuidad con el arte carolingio y anticipa soluciones posteriores.

Se inspira en la arquitectura carolingia y bizantina. Entre las obras que repiten el modelo de la Capilla Palatina octogonal en Aquisgrán se encuentran Ottmarsheim (s. XI, Alsacia) y el coro de la abadía de la Trinidad en Essen.

La arquitectura religiosa tiende a apartarse de un plan centralizado. Se conserva la inspiración de la basílica romana. La arquitectura otoniana mantiene el doble rasgo carolingio terminado con ábsides a ambos lados del final de la iglesia. Entre las innovaciones de esta arquitectura se encuentra la elaboración y uso más amplio de galerías o tribunas, así como la alternancia en los soportes (pilares y columnas) según dos modelos: en el renano se alternan pilares y columnas, y en el sajón aparecen dos columnas entre los pilares.

El primer ejemplo de la arquitectura otoniana es la iglesia abacial de San Ciriaco de Genrode (959-63), aparentemente la primera en Europa que tuvo una tribuna sobre las naves laterales. Es una de las pocas construcciones que se conservan de la arquitectura a principios de la era otoniana.

Otras construcciones otonianas son las iglesias de Sta. Gertrude en Nivelles (1046, Bélgica), la gran abadía de San Jorge de Oberzell, en Reichenau, San Miguel de Hildesheim (1010-33)

Escultura y artes menores

No se produce escultura monumental, sino pequeñas esculturas en marfil y metal, principalmente bronce, embellecidas con gemas, esmaltes, cristales, y camafeos. En estas obras se funden las técnicas e iconografía bizantinas con el expresionismo típico del mundo germánico.

Las labores en bronce presentan un gran bizantinismo, especialmente después del matrimonio de Otón II con Teófano (972). Así, el taller de Hildesheim se relaciona con el arte bizantino del sur de Italia. Destacan las puertas en bronce de San Miguel de Hildesheim, con escenas del Génesis y evangélicas; unos candelabros de plata con figuras y una magnífica columna en bronce con relieves dispuestos en espiral. La técnica de fundición germánica se extenderá hacia Rusia y el norte de Italia.

Los marfiles siguen los modelos carolingios. Destacan las escuelas de Tréveris y de Fulda. Este arte está muy relacionado con la encuadernación de libros, pues formaban la decoración principal de las tapas. En el Museo Cluny (París) se conserva una placa de marfil que representa al emperador Otón II y su esposa, vestidos con traje de corte bizantino. Los marfiles otonianos influirán en el arte español del s. XI.

Hay algunas imágenes en madera, con receptáculo para reliquias, como la Virgen de Essen (Catedral de Essen), recubierta de oro, y el crucifijo de Gero, (Catedral de Colonia). La estatua del relicario de la Virgen y el Niño es una obra maestra del taller ?de Tréveris, aunque actualmente se conserva en la catedral de Essen. Es un relicario de tres cuartos de tamaño de madera, cubierta por una lámina de oro, con ojos esmaltados y gemas engastadas en el halo del Niño. Por su parte, el crucifijo que está en la cámara del tesoro de la catedral de Colonia se cree que fue encargo del arzobispo Gero de Colonia (obispo en 976), que posiblemente sea la creación escultural más influyente de este período, con una fuerza que anticipa las vigorosas esculturas románicas.

La orfebrería sigue los modelos carolingios, si bien con mayor importancia de los esmaltes. Destacan dos talleres: el de Tréveris, patrocinado por el obispo Egberto y el de Essen, creado por Matilde, nieta de Otón I, que fue allí abadesa desde el año 973 hasta 1001. Entre las piezas que se conservan de este período, cabe citar: el altar de oro de Basilea, actualmente en el Museo de Cluny (París), de principios del s. XI, donación del emperador Enrique II; hecho en madera de roble con oro; la cruz de la abadesa Matilde en la catedral de Essen; la cruz de Lotario, en la catedral de Aquisgrán. el manto de Enrique II, en Bamberg, recamado en oro y seda sobre fondo azul, con el Zodíaco y temas religiosos y la tapa dorada del Codex Aureus de Echternach (Museo Nacional Germano de Nuremberg)

En la cámara del tesoro imperial, localizada en el Palacio Imperial de Hofburg de Viena se conserva la gran corona imperial, uno de los más importantes objetos asociados a Otón I. Está formada por ocho grandes láminas, unas con piedras engastadas y otras con esmaltes en técnica cloisonné con figuras como la del rey Salomón. Sólo en Italia podía haber artesanos, formados en la tradición bizantina, que dominaran la técnica para realizar semejante obra. Lo más probable es que se realizara para la coronación de Otón I en Roma (962), sufriendo dos añadidos posteriores: una pequeña cruz montada sobre la parte frontal, que seguramente se hizo para Otón II después de su sucesión en el año 973; y un arco que pasa sobre la corona, en el que hay una inscripción con el nombre del emperador Conrado II, coronado en 1027, por lo que a veces también es llamada “corona de Conrado II”.

Pintura

Mientras tanto, la pintura mural decae. Solo la miniatura mantiene un nivel elevado y produce, en el Norte de Alemania, obras de espíritu conservador, impregnadas de bizantinismo. En cambio, Alsacia nos ofrece ese prodigio de juventud y movimiento que son las ilustraciones del Hortus Deliciarum (en latín Jardín de las Delicias), es un manuscrito medieval, compilado por Herrad de Landsberg en la Abadía de Hohenburg en Alsacia. Se trata de una enciclopedia de iluminación, que se inició en 1167 como una herramienta pedagógica para los jóvenes novicios en el convento. Fue terminada en 1185, y fue uno de los más célebres manuscritos iluminados de la época. El manuscrito contenía poemas, ilustraciones y música, y señaló a partir de textos de escritores clásicos y árabes. En 1870 el manuscrito fue quemado y destruido cuando la propietaria de la biblioteca en Estrasburgo fue bombardeado durante el asedio de Estrasburgo. Fue posible reconstruir las partes del manuscrito, porque partes de que había sido copiado en diversas fuentes y el texto fue copiado y publicado por Straub y Keller entre 1879 y 1899).

A pesar de las tendencias comunes, la riquísima pintura de este tiempo nos ofrece demasiada unidad, por carecer Alemania de metrópoli central.

El lugar en que aparece con mayor precocidad es Praga, en Bohemia, donde el mecenazgo del emperador Carlos IV atrae, desde mediados del s. XIV, a numerosos artistas. Esta escuela, que depende claramente de Italia, cuyas influencias recibe, sea través de la escuela de Aviñón, sea directamente por medio de Tomás de Módena, apenas sobrevive a las causas que le originaron. Pierde su importancia a principios del s. XV, pero irradia desde Baviera, especialmente en Nüremberg, cuyo retablo Imhof (1420) es una prueba de ello. Más tarde, la ciudad imperial, tras haber conocido a un artista de fuerza en la persona del altar, M. Tucher, se somete a la seducción de los Países Bajos (Bélgica y Holanda), con Hans Pleydenwurf y Michael Wohlgemut, que cierra este período, fue maestro de Alberto Durero y se distingue como feliz autor de grandes retablos que combinan pintura y escultura, aunque sin excesiva originalidad. En Hamburgo aparece, en 1370, el retablo del Maestro Bertram von Minden, que no deja de ofrecer cierta semejanza con las pinturas de Bohemia, a pesar de la distancia. 50 años después se encuentra en la región al Maestro Nicola Francke, de origen holandés. En Westfalia, Conrad de Soest, pinta el hermoso retablo de Niederwildungen.

Pero los dos centros principales de la pintura del s. XV son Colonia y Suabia, en un principio dependientes de la Corte de Borgoña. La pintura de Colonia goza, gracias al romanticismo, de una reputación acaso exagerada. Fecundísima productora, cae a veces en cierta blandura y soporta difícilmente la vecindad de los Países Bajos. Tras es Maestro de la Verónica, que trabaja a principios de s., el más célebre artista de esta escuela es Stephan Lochner, nacido en Suabia y autor del encantador retablo de la Epifanía, de la catedral de Colonia.

Los suabos carecen de la afición a lo arcaico que poseen los de Colonia. En su retablo de Tifenbronn (1431), Lucas Moser, prescinde de los fondos dorados, y muestra preocupaciones muy nuevas en su país al tratar de representar las relaciones entre los objetos. Pero es destronado por un gran artista, Konrad Witz, de quien ciertos tratadistas han hecho (con harto atrevimiento) un alumno de Robert Campin, más conocido como el Maestro de Flémalle, pero a quien muchos rasgos ligan con la pintura flamenca y borgoñona, en especial con Rogier van der Weyden, también conocido como Roger de la Pasture. Las obras que de él quedan, en particular los fragmentos del gran retablo de Ginebra (1444), son de una fuerza plástica y de una grandeza poco comunes, Detrás del Cristo, que se yergue como un monumento ante el lago de Genezaret, se descubre el primer paisaje visto y sentido de la pintura alemana. Más tarde los pintores de la región no alcanzarán tales cimas, y los diferentes Maestros de Clavel, que se encuentran en Berna o Zurich, son bastante amanerados. El más auténtico sucesor de Conrad Witz es el Maestro de la Pasión de Darmstadt.

También se debe citar a Hans Mulstcher, pintor y escultor de personalidad poco relevante en Ulm, y a Friedrich Herlin, en Nordlingen.

Conrad Witz había de tener un igual a fines de s., en la otra esquina de Alemania, en el Tivol, con Michael Pacher, cuyas mejores obras aparecieron entre 1480 y 1490. Pacher, enamorado de las estrechas perspectivas, de las formas leñosas, de los curtidos personajes de Andrea Mantegna, sería un hombre del Renacimiento sino siguiera insensible (o ignorante) ante los encantos del clasicismo.

Recientes trabajos han permitido rectificar la biografía de Mathis Gothardt Nithart, llamado Grünewald. Este pintor, nacido acaso 20 años antes de Alberto Durero, se sitúa no lejos de Michael Pacher, entre los artistas apenas rozados por el espíritu renacentista. Oriundo de Franconia, trabaja entre Estrasburgo y Maguncia, y debe su fama, sobre todo, al retablo de Issenheim (Museo de Unterdelindem, de Colmar), obra de violento patetismo, que llega a lo cruel, en una atmósfera de apocalipsis rasgada por luces fuliginosas.

De todos modos la pintura da una idea muy insuficiente de la actividad del arte alemán en cuanto a presentación sobre una superficie. Dígase lo que se quiera sobre origen del grabado, no se puede discutir sobre su espléndido florecimiento en la Alemania del s. XV.

Artes menores

La xilografía o grabado en madera tiene orígenes muy humildes: las estampas populares. Estas láminas se reúnen en series, llamadas Blockbuecher. Pero con la invención de la imprenta, el grabado en madera se transforma en su sistema de ilustración cada vez más apreciado, cuyo nivel artístico va ascendiendo en los talleres de Ausburgo, Nüremberg y Basilea.

En cambio, el cobre, cuyo arte se relaciona con la orfebrería, conoció principios más elevados. El Maestro E. S. y el Maestro del Gabinete de Amsterdam, sobrepujan ampliamente en refinamiento a la mayor parte de los pintores contemporáneos. Y en el grabado, hay que apreciar el genio de Martin Schongauer, maestro principal de Alberto Durero, si bien Michael Wohlgemut fue su maestro temporal. El arte de Martin Shongauer despliega un amplio abanico, desde el amaneramiento exquisito al rudo patetismo.

En competencia con las obras de escultura, los relicarios del s. XIII suelen tomar la forma de cabezas, de rasgos poderosamente estilizados, pero no por eso mucho menos expresivos. Ejemplo de este tipo de objetos es el relicario de bronce dorado en forma de cabeza de Cristo procedente de la Baja Sajonia (1200 aproximadamente), que se halla en el Museo Kestner, en Hannover.

Entre las obras maestras del arte medieval se encuentra el relicario de Santa Isabel, en la que Federico II colocó, en 1236, las reliquias de la santa princesa.

Probablemente obra de un taller de la Alta Renania es la riquísima corona llamada “de Enrique”, porque durante un tiempo adornó el busto-relicario de San Enrique, bella joya de la catedral de Bamberg. Dicha corona se halla conservada en el Museo de Munich.

En la Alemania del Norte continúa también, durante la época gótica, la rica tradición de los aguamaniles de bronce en forma de animal. Trabajados con sorprendente pericia técnica y refinado sentido decorativo, constituyen a menudo verdaderas obras de escultura, llenas de fuerza y vida. Ejemplo de esto es un aguamanil en forma de león, procedente de Flensburgo, en la Alemania Septentrional, que se halla en el Museo de Artes y Oficios de Hamburgo.

Comúnmente, las miniaturas de temas profanos son tratadas por los artistas góticos con mayor libertad que las de temas religiosos y, por consiguiente, manifiestan bastante a menudo caracteres estilísticos más personales, por ejemplo en la miniatura de Parsifal de Wolframm de Eschenbach (de la Biblioteca del Estado de Baviera, Munich) en la que la espigada angulosidad de los rasgos responde a los fines de una estilización elegante y expresiva, dándole gran vigor.

Arte Románico

La peculiar experiencia socio-política de Alemania durante el s. X va a determinar en buena medida los avatares del románico construido un s. después en tierras germánicas. Desde que Otón I el Grande (912-973), emperador y fundador del Sacro Imperio Romano se impone al poder de Roma, y al mismo tiempo se convierten en defensor y difusor del Catolicismo hacia el oriente de Europa, los emperadores otónidos se convierten en los verdaderos “jefes de la cristiandad”. En ese contexto en que es el emperador y no el Papa el representante de Dios en la Tierra, los edificios de la época deben reflejar tan inmenso poder y se abordan obras de majestuosa monumentalidad. Para algunos autores a la arquitectura otónida en Alemania no se la debe asociar plenamente con la románica que se desarrolla paralelamente en el resto del occidente europeo, por poseer características propias gestadas en un ambiente político diferente. Nosotros la consideraremos una variedad regional más. La arquitectura románico-otónida es heredera de la carolingia y de ella recibe algunas de sus más importantes y diferenciadoras características. Los edificios suelen superar ampliamente los 100 metros de longitud y, por ejemplo, a la Catedral de Spira se le considera el mayor templo románico conservado de la Cristiandad con sus 133 metros de longitud. Tienen tres naves, doble transepto y también doble cabecera (la segunda coincidiendo con el extremo occidental del templo). Esta hipertrofia de los pies del templo llamada “westwerk” añadía a la iglesia un gran pórtico y una tribuna regia flanqueadas por dos elevadas torres. Tal mole -inexistente en el resto del románico europeo- pretendía representar la fusión del poder terrenal del emperador con el poder religioso y era la “parte privada y reservada” por donde accedía el soberano y escuchaba Misa. Las portadas no adquieren importancia ni resalte y los capiteles suelen ser cúbicos o levemente esbozados pero en general son carentes de escultura, por lo que ésta se aplica a la orfebrería. Otra característica de este arte en Alemania es la altura de las naves, que unido al numeroso repertorio de torres prismáticas o cilíndricas (dos en la fachada, dos flanqueando el ábside más la linterna o cimborrio octogonal) generan una acusadísima impresión de verticalidad, alejada radicalmente del tópico de la horizontalidad románica. Un buen ejemplo primitivo y que se puede considerar “prototipo” del románico-otónido es San Miguel de Hildesheim.

En estos momentos el Sacro Imperio Romano Germánico es un conglomerado de pequeños principados y obispados. El carácter imperial de su estructura hace que se tienda a la magnificencia. Los edificios son grandes, altos y desarrollados en longitud, están construidos en ladrillo y algunos tienen dos cabeceras. Son ejemplos de arte románico alemán Santa María de Laach en Colonia, San Miguel de Hildesheim.

A pesar de que el Románico se suele asociar más con Francia, en Alemania también hay un románico muy interesante y abundante en grandes iglesias, aunque muchas de ellas son, al menos en parte, reconstrucciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El románico alemán, conocido también como Románico Otoniano, recuerda en muchos casos al románico lombardo avanzado (del estilo de la Seo de Urgel), con abundancia de lesenas y arquillos lombardos y con galerías de arcos en los ábsides; pero con una predominancia mucho más marcada de la verticalidad, acentuada por las numerosas torres con chapiteles o agujas. Un ejemplo tardío de esto es la Catedral de Bonn (Bonner Münster; primera imagen), posterior, pero similar en algunos aspectos, a las más conocidas de Spira y Worms.

El románico alemán muestra en la severidad de sus miniaturas, en la audaz proyección vertical de sus edificios y en la profunda espiritualidad de sus figuras esculpidas, la pureza del sentimiento religioso que constantemente ilumina y guía la manifestaciones de este arte.

En la producción artística de Alemania, sede del grande y poderoso imperio de los Otones, domina una característica fundamental que deja huellas tanto en la miniatura como en la escultura, el cincelado o la arquitectura monumental. Es el clima culto y severo del ambiente imperial que deriva, en parte, de la tradición artística carolingia, impregnada de clasicismo y corrección. Se respira en las páginas miniadas, en las que el dibujo se articula en estructuras simples y austeras sobre el fondo abstracto de colores planos, resaltando en composiciones equilibradas de efecto monumental. Las 2 escuelas principales de miniatura son las que tienen su sede, por una parte, en Reichenau, poderoso centro de irradiación y difusión del nuevo estilo occidental y, por otra parte, en Tréveris y Echternach. La primera es más moderna en su búsqueda del espacio y del volumen; la segunda, surgida a la vez en 2 abadías benedictinas, se caracteriza por la suntuosidad del colorido y por el gusto ornamental de neta raigambre bizantina. En lo que respecta a la escultura alemana de la época, se manifiesta principalmente en bronces de proporciones reducidas, que alcanzan una gran madurez y una técnica consumada, y se descuida, en cambio, la estatuaria de piedra y mármol, de gran aliento, tan características de Francia e Italia. Este estilo del tiempo de los otones tiene un notable vigor plástico unido a una gran sabiduría decorativa, como se advierte en las obras de la fértil escuela de Hildesheim, que se halla dominada por la fuerte personalidad, a la vez religiosa y artística, del obispo Bernardo.

En la histórica región de Renania se encuentran muchas de las obras más importantes del arte románico alemán. La importancia de esta región ha sido siempre crucial para la historia del pueblo germano. Actualmente, se denomina Renania Septentrional-Westfalia al land que comprende buena parte de los antiguos territorios que conformaban la antigua Renania, región también conocida como Prusia Renana.

Durante el s. I a. de J.C. el emperador romano César conquistó la región renana y fijó en el río Rin la frontera entre las provincias de la Germania inferior y superior. De todos modos, le fue imposible mitigar el empuje de los renanos, que enseguida se establecieron a ambos lados del río e hicieron de éste una de sus principales rutas comerciales. Así, poco a poco, Renania fue jugando un papel importante dentro del ámbito germánico a pesar de que durante el s. X, y a raíz de las disputas entre francos y germanos, la anarquía hizo mella en sus territorios. Más tarde, a partir del s. XI, las principales ciudades de Renania, como Colonia, consiguieron un gran auge, lo que se evidenció, por otra parte, en la aparición de una importante arquitectura románica. El gran motor del enriquecimiento de Renania fue el tráfico comercial que permitía el río Rin, que durante muchos s. sería el factor más importante para el continuo desarrollo de la región, que vería crecer núcleos urbanos, comerciales y culturales tan notables como Heidelberg y Maguncia, por ejemplo.

Las artes plásticas irlandesas tuvieron un especial protagonismo en el desarrollo del románico alemán, gracias a las fundaciones llevadas a cabo por monjes llegados desde la isla al continente a partir del s. X.

Arquitectura

La arquitectura románica se constituyó lentamente y progresó a medida que los emperadores (entre 912 y 1250) fueron realizando una unidad que Alemania no habría de recobrar hasta el s. XIX. Pro dicha unificación política, las diferencias artísticas locales son de relieve poco acentuado.

El primer edificio importante que se conservó de ese tiempo es la iglesia de San Miguel de Hildesheim, pero el florecimiento principal llega a fines del s. XI y durante el s. XII. La empresa imperial más típica fue la catedral de Spira, fundada hacia el año 1030 por Conrado, primer emperador salico, y concluida, a fines del s., por Enrique IV. En esa misma región del Rin se hallan las catedrales de Maguncia, Worms, Treveris, Bonn, la abadía de Laach y, valle arriba, la catedral de Basilea.

Las catedrales e iglesias románicas alemanas, en especial las del Rin, tienen ciertos caracteres típicos: en la planta, la existencia de 2 coros, al Oeste y al Este, en el interior la alternancia de pilares fuertes y débiles: en el exterior, el uso de galerías (imitadas probablemente, en unión de no pocos detalles, de la arquitectura lombarda) y la multiplicación de torres. Parece que tales edificios fueron abovedados en época tardía, salvo la catedral de Spira, que recibió por voluntad imperial, sin duda en el reinado de Enrique IV, hermosas bóvedas de arista. A decir verdad, le había precedido en este aspecto la iglesia de Santa María del Capitolio, en Colonia que, por su carácter excepcional no formó escuela (esta iglesia fue muy dañada por la guerra mundial, como otros edificios de colonia y de Alemania en general).

Hablar de arquitectura románica alemana equivale a mencionar la arquitectura renana. En la cuenca del Rin se forman, efectivamente, los obispados más poderosos que, como recuerdo imperecedero de su fuerza política y religiosa, ha dejado a la posteridad las grandiosas catedrales de Maguncia, Spira y Bonn. Esta última, iniciada alrededor de 1060, fue terminada a principios del s. XIII con la construcción de la nave central y el crucero.

La catedral de Spira es el monumento arquitectónico más amplio y notable del primer románico alemán. El edificio, de planta basilical, está adornado, en el exterior, con galerías y arcos ciegos que denotan cierta influencia del arte lombardo.

Comenzada en 1081 sobre los cimientos de un edificio carolingio, la catedral de Maguncia fue terminada en el s. XIV. La complicada articulación de las partes de su estructura y la profusión de elementos ornamentales hacen de ella un monumento típico de Alemania.

Los grupos de torres que rodean el cuerpo principal de la iglesia conventual de Santa María de Laach, a modo de fortificación, constituyen una característica inconfundible de la arquitectura renana, cuyas catedrales tienen el aspecto de verdaderos “castillos de Dios”. Entre las más grandiosas construcciones está esta iglesia. La armónica y equilibrada relación de las partes de la estructura y la sobria elegancia de la decoración, hacen de ella un notable monumento.

La arquitectura alemana se relaciona también con los primitivos modelos de la época de Carlomagno y de los Otones: la abadía de Hildesheim copia la planta de la antigua iglesia de Saint-Riquier, pero el desarrollo que ofrece es una conquista de suma importancia en la historia del arte románico europeo. Esta iglesia de Hildesheim es del tipo de doble crucero, occidental y oriental, y de doble ábside, al que se atienen las principales construcciones religiosas del período. Los edificios de Renania y Sajonia, las 2 regiones más activas de entonces, desde el punto de vista artístico, elevan audazmente sus bóvedas, a veces de crucería (la catedral de Spira, erigida entre 1027 y 1100 es, tal vez, la más antigua iglesia en la que se adoptó esta original cubierta) y aumentan el número de sus torres, levantadas a los lados de los cruceros y junto a los ábsides y las fachadas, o en la intersección de la nave mayor con los cruceros. Las 2 torres de los lados de las fachadas, que por primera vez aparecieron en la catedral de Estrasburgo, en 1015, tendrán luego una extraordinaria difusión, no solo en Alemania, sino también en las regiones francesas de la frontera y en la Inglaterra misma. Frecuentemente, en la intersección de la nave mayor con el crucero se alza un cimborrio, como en las iglesias lombardas. Y de Lombardía procede, tal vez, el uso de pequeños arcos ciegos, de las galerías y de las bandas lombardas, que introducen efectos de claroscuro y una rítmica alternancia de vacíos y llenos en las simples estructuras de estas solemnes construcciones. En Worms, Bonn, Maguncia, Colonia y Bamberg vuelve a hallarse este tipo de iglesias monumentales, que son como un canto coral elevado a la divinidad, una conquista del espacio que tiende a alcanzar el cielo. La materia no es ya una masa sin vida, sino que parece animarse con el impulso ascensional, logrado con rigurosa simplicidad, y que no se halla interrumpido por decoración escultórica alguna. En estas obras arquitectónicas se advierte la eminencia del advenimiento del gótico.

La magnificencia del románico otónido se puede presenciar en la catedral de Spira. Esta ciudad renana tuvo gran importancia durante el Sacro Imperio siendo sede anfitriona de 50 asambleas imperiales. Su catedral se construyó entre 1030 y 1060, pero fue muy remodelada a finales de ese s., entre 1080 y 1106, incluyendo el reforzamiento de los pilares interiores mediante semicolumnas para poder abovedarla completamente.

La antigua catedral otoniana de Maguncia debió ser reconstruida tras un incendio sufrido en 1081 pero reaprovechando partes antiguas. Las obras de reconstrucción se debieron desarrollar en las cuatro primeras décadas del s. XII. En pleno s. XIII se añadió el cuerpo occidental compuesto por un gran transepto, una cabecera triconque y una torre con partes de diferentes s, posteriores (gótico y barroco).

Hacia el año 1171 empezó la construcción de la imponente catedral en la ciudad renana de Worms. La planta presenta tres naves y un amplio transepto en cuyo centro se levanta una gran cúpula. Tras el transepto encontramos un coro cuadrado que acaba en un ábside semicircular flanqueado por torres circulares.

La Abadía benedictina de Maria Laach junto a los lagos volcánicos de Eiffel es una preciosa iglesia, de las más armónicas de Alemania. Fue fundada en 1093 y es conocida por la perfección y equilibrio arquitectónico de su cuerpo occidental.

Escultura

Por mucho que se construyera en este período, la escultura en piedra se desarrolló escasamente. Las iglesias románicas alemanas suelen prescindir de ella; sus capiteles son geométricos y sus muros se contenta con una decoración arquitectónica o pintada.

Los talleres de Basilea y Colonia son excepcionales. En los demás sitios, cuando hay escultura, es rudimentaria, lo cual contrasta fuertemente con el arte de la fundición que tienen los alemanes. Las puertas de bronce de la catedral de Hildesheim (principios del s. XI) son una singular obra maestra, bastante independiente de toda tradición: se dirían rápidos bosquejos de movimientos. En cambio, la columna de la misma catedral, algo más reciente y destinada a servir como candelabro pascual, traiciona, con sus escenas en espiral, la imitación de la columna trajana de Roma. Otro taller muy activo fue el de Magdeburgo, con abundantes placas para sepulcros, que enviaba sus obras hasta Nijni – Novgorod. Por su importancia y por ser figura de suelta, de bulto redondo, el león de Brunswick resulta ser una de las más notables fundiciones de ese tiempo.

El nombre del obispo Bernardode Hildesheim, artista y mecenas, está ligado a las puertas de bronce de la catedral de esta ciudad, fundidas en 1015 e inauguradas en 1035. Estas forman una notable Biblia plástica, desde la Creación hasta la Resurrección.

En la escultura románica alemana continúa la tradición del bronce, que a menudo alcanza, aún en ejemplares de dimensiones reducidas, un carácter de gran dignidad.

Artes menores

La misma habilidad para trabajar el metal se aprecia en los orfebres renanos: Colonia ha producido admirables relicarios de esmaltes incrustados en los huecos hechos por el buril.

Una nueva comprensión del volumen y de la plástica se afirma en las miniaturas alemanas de la época románica, organizadas con unas sabia técnica de composición que logra efectos de extraordinario equilibrio y, al mismo tiempo, de verdadera monumentalidad.

El espléndido florecimiento de las artes menores durante el período románico está atestiguado, particularmente, por la rica producción de objetos usados en las ceremonias de culto: altares portátiles, relicarios, tapas de misales y evangeliarios, trabajados con gusto seguro y sabia técnica.

En pleno esplendor del taller de Weingarten se realizaron dos obras claves del arte románico alemán: el Sacramentario de Berthold y poco después el Sacramentario Heinricus, llamado así por el monje Heinricus, quien se encargó de la realización artística del manuscrito. El códice destaca por la claridad de su texto y neumas y por su excepcional realización artística. Vivos colores sobre amplios fondos dorados. Las iniciales y la decoración dan a la miniatura una viveza y sensibilidad especial configurando una gran obra de arte llena de fantasía y gusto decorativo.

Pintura

La pintura monumental de la época románica fue, sin duda, muy abundante: cubría no solo las paredes sino también los techos, Uno de esto, harto tardío, eso sí, es el de San Miguel de Hildesheim (hacia 1200), ilustra sobre el modo de concebir el decorado de una superficie. Pocos conjuntos de pinturas murales han llegado hasta nosotros; existen en el Bajo Rin, en Schwarzheindorf en particular; en la región del Danubio, en Prüfening, dominados por los recuerdos bizantinos y, sobre todo, en el Alto Rin, en Oberzell, en la isla monástica de Reichenau, en la desembocadura del lago de Constanza en el Rin. En este lugar los personajes tienen una libertad y gracia que recuerda las puertas de Hildesheim.

Reichenau fue, asimismo, el más importante taller de miniatura alemana, que aprovechó el impulso dado a este arte por la escuela palatina de tiempos de Carlomagno, con su compleja mezcla de recuerdos clásicos y de influencias sirias y bizantinas. Otros talleres fueron el de Tréveris y el de Ratisbona, el de más rica ornamentación.

Arte Gótico

En el momento de máximo esplendor de la Hansa, los ricos burgueses erigieron murallas en las ciudades, financiaron la construcción de catedrales y de ayuntamientos y lugares de reunión de gremios como expresiones de orgullo ciudadano. Hacia mediados del s. XIII, las influencias del gótico francés llegaron a la arquitectura alemana. Las elevadas catedrales de Bamberg, Estrasburgo, Naumburg y Colonia fueron ricamente decoradas con esculturas e iluminadas en su interior gracias a los grandes ventanales de arcos ojivales donde instalaban magníficas vidrieras.

Arquitectura

Hay que señalar que la arquitectura ojival fue en Alemania de importación francesa, tardíamente llegada, aceptada con cierta dificultad y en ocasiones solo en parte. Monumentos como la catedral de Worms, comenzada en 1180, tienen todavía un aspecto totalmente románico. Colonia, siempre independiente, rehusa admitir el botarel gótico en los Santos Apóstoles y en el Gran San Martín.

La primera catedral que sigue francamente el modelo francés es la de Magdeburgo, comenzada en 1209. Y a mediados de s., el nuevo sistema ha triunfado, como se ve en la Colegiata de Limburg – ad – der – Lahn (1215 – 1240), Nuestra Señora de Tréveris (1242 – 1253) y Santa Isabel (1235 – 1283).

Pero hay que señalar también que este triunfo coincide con la muerte, en 1252, de Federico II, el último emperador efectivo de la Casa de Hohenstaufen. En una Alemania dividida, ya no se acometen grandes empresas. La nave de Estrasburgo recibe su bóveda entre 1250 y 1270 y la fachada se erige hacia 1280, pero las obras apenas adelantan, La catedral de Colonia, cuya primera piedra se pone en 1248, quedará sin terminar. La de Ratisbona, comenzada en 1275, apenas progresa en el s. XIV.

Este s., en cambio, es más propicio a la arquitectura de Austria y Bohemia, que las Casas de Luxemburgo y Ausburgo protegen contra la anarquía. Y se ven surgir las catedrales de Viena y Praga, esta última según planos de un francés.

De igual modo que en la época románica de los benedictinos de Hirsau, la gótica tuvo los grandes monumentos cistercenses de Maulbonn y Erbach.

Un grupo originalísimo y de vivo interés son los edificios de ladrillo de los países del Noreste. El principal monumento religioso es Santa María de Lübeck, iniciada en 1304.

El eclipse de la potencia imperial, si engendró en Alemania un particularismo subsecuente hasta mediados del s. XIX, pero no por ello fue acompañado de pobreza o anarquía. Al contrario, al final del s. XIV, y sobre todo, el s. XV conocen un prodigioso esplendor mercantil que lleva consigo a la preponderancia de las ciudades y de la burguesía.

De ello se reciente la arquitectura religiosa; no se levantan grandes catedrales, sino iglesias de tamaño mediano. Alemania manifiesta su predilección por el tipo de hallenkirche o iglesia en que las ventanas laterales y la central son de una misma altura. Este tipo de iglesia, producida en Westfalia desde l s. XII, se extiende por todas partes.

Pero el lugar de honor corresponde a la arquitectura civil, a causa del desarrollo extraordinario de las ciudades. Algunas del Ansa, como Lübeck o Dantzig, o imperiales, como Nüremberg o Rotemburgo, o militares o monacales como Marieburgo, adquieren entonces un aspecto pintoresco, justamente famoso. Sin embargo, esta arquitectura tiene a menudo un carácter de pequeñez.

En el curso del s. XIII, el estilo gótico se introduce, procedente de Francia, en los países germánicos vecinos, que adoptan enseguida los nuevos elementos estructurales (sobre todo el arco apuntado y la bóveda de aristas) pero la interpretan en forma absolutamente característica. La tradición románica ha tenido en Alemania un florecimiento especial, y los nuevos modelos góticos se funden con el gusto románico en edificios sólidos, amplios y con sus partes bien delimitadas.

El laborioso momento del transición del estilo románico al gótico ha dado su más grande obra maestra en la catedral de Limburgo. El exterior se inspira en el estilo de la catedral de Laon, pero el modelo francés ha sido transformado en una serie de castillo feudal, en el que domina el sentido típicamente germano de una masa sólida y compacta. Por otra parte la articulación del edificio y su sólida unidad estructural, de gusto aún románico, se unen a una exigencia de verticalidad, bien visible en el ritmo ascensional de las 7 torres del templo. En el interior de la catedral, la masa de las paredes divisorias está aligerada por el doble orden de las tribunas y del triforio.

El estilo gótico francés es adoptado sin reservas en la catedral de Colonia. Iniciada en 1248 con la construcción del coro, esta iglesia fue terminada solo en el s. XIX basándose en los antiguos planos. Buena parte del famoso monumento es, pues, una imitación moderna del estilo gótico en que fue iniciada.

El esquema constructivo de la catedral gótica francesa se halla reproducido bastante fielmente en la de Estrasburgo, que se inspira particularmente en el prototipo de Saint-Denis, El único motivo extraño al arte francés es la anchura de la nave central, 67determinada, tal vez, por la existencia de partes románicas más antiguas

Ningún conocimiento gótico supera en caprichosa figura de ejecución a la aguja de la catedral de Friburgo, en la que la piedra esta transformada en un delicado y livianísimo cono de filigrana.

Una interesante contribución germánica a la arquitectura gótica ha sido la creación de las hallenkirche (iglesias – salones), de naves laterales y central de igual altura, cuya estructura de conjunto asume un carácter centralizado y unitario. El más bello ejemplo de iglesia de este tipo es la de Wiesenkirchen.

En la Alemania Septentrional y en la Oriental son numerosas las construcciones góticas de ladrillo caracterizadas por un severo lenguaje arquitectónico propio, distinto del gótico de piedra, a cuya creación ha contribuido, en gran parte, la naturaleza misma del material, que requiere más pilares de esfuerzo.

Sólidos y poderosos pilares lisos, interrumpidos en lo alto por una simple faja de motivos vegetales, limitan la espaciosa nave central de la ElizabethKirche de Marburgo. Una sensación de límpida y sobria austeridad, apenas interrumpida por la elegantísima y refinada decoración del trascoro, que separa el coro y el presbiterio de la nave, y por la aérea belleza del baldaquín de motivos florales, emana de la estructura de esta hermosa joya del arte gótico alemán.

La ElizabethKirche de Marburgo es un monumento importante tanto desde el punto de vista histórico como del artístico. La iglesia fue construida entre 1235 y 1283 para dar digna sepultura a los resto s de Isabel de Hungría. Sepulturas posteriores de numerosos representantes de la Casa de los Landgraves de Hesse (todas notables por su rica decoración escultórica) llegan el brazo meridional del crucero. Perfectamente conservada, la iglesia constituye uno de los ejemplos más antiguos y notables del estilo gótico alemán. Efectivamente, la primer iglesia germana concebida de acuerdo con un diseño y un estilo enteramente góticos. También el interior, con sus 3 naves de igual altura, retoma el tipo, clásico para Alemania, de las Hallenkirchen.

El castillo de Marburgo sobre el Lahn es uno de los edificios civiles del s. XIII que presentan un notable interés artístico, Particularmente sugestivo es el Salón de los Caballeros, construido alrededor de 1300. Espacioso y bien iluminado por las amplias ventanas laterales, está dividido en 2 naves por una serie de pilares octogonales que sostienen las bóvedas de crucería que lo cubren. La nítida está cubierta resalta magníficamente por la presencia de las aristas realizadas en piedra muy obscura, que se destacan notablemente sobre el blanco de las bóvedas y de los pilares.

En los s. XII y XIII los artistas y arquitectos de más fama viajaban de país e país observando las novedades que se mostraban a sus ojos, y tomando notas de las más ventajosas soluciones técnicas y de las más felices novedades decorativas. Testimonio de ello es, para ese período, un cuaderno de dibujos dejado por el arquitecto Villard de Honnecourt, que constituye una especie de repertorio de temas pictóricos y arquitectónicos. Encontramos en él plantas de iglesias, soluciones estructurales particulares y hasta motivos figurados, en las que aparecen evidente la búsqueda del equilibrio entre fuerzas contrastantes, que es casi el símbolo de todo el arte gótico. Tanto a los viajes de estos arquitectos como a la difusión por todo el Occidente de las ordenes monásticas que tenían en Francia su matriz, se debe la amplia y rápida expansión del arte gótico. Alemania fue la primera en recibir dicha influencia, y ya en el s. XII aparecen elementos góticos, como la bóveda nervada, en catedrales todavía románicas por el espíritu e incluso la estructura.

La adopción de un nuevo sistema arquitectónico en suelo germánico no fue, sin embargo, inmediata y total. En efecto, la tradición románica estaba tan enraizada y era tan floreciente que, por cierto tiempo, sobrevivió, modificada solo en parte por elementos góticos de importación francesa. A menudo se da el caso de hallar ábsides góticos adosados a naves románicas y de bóvedas nervadas góticas apoyadas sobre arcos de medio punto en un tramo cuadrado. Casi siempre , las catedrales construidas en este período mantienen la planta tradicional, aunque valiéndose de elementos técnicos bastante más aventajados, procedentes de Francia. Puede ser un ejemplo la Catedral de Bamberg que, inclusive, tiene una fachada con dos torres claramente inspirada en la de Laon. En el s. XVIII aparecen las ojivas y los arcos apuntados y, a veces, sistemas góticos completos, como el coro de las capillas radiales de Magdeburgo o las naves de la catedral de Limburgo, sobre el Lahn. Paulatinamente, la tendencia a repetir los modelos franceses se acentúa y se hace más sensible. Surgen así la catedral de Estrasburgo, caracterizada por un audaz impulso vertical, que se expresa por medio de un orden cerrado proyectado hacia lo alto; la de Colonia, insólitamente amplia, con sus cinco naves; y la de Friburgo, cuya fachada culmina, de un modo original, en una única y audaz torre calada.

Uno de los monumentos más notables de la arquitectura gótica alemana es la Elizabethkirche, en Marburgo, construida para recibir los restos de Isabel de Hungría y meta de numerosas peregrinaciones. En un edificio severo y de gran aliento, con las naves llevadas a la misma altura y, por consiguiente, las ventanas abiertas sobre las naves laterales y no sobre la central, lo que da un efecto de amplitud espacial. Este tipo de planta fue adoptado, preferentemente, por los dirigentes de una orden militar, los Maestres de la Órden Teutónica, porque es el más adecuado para reunir a las grandes multitudes de fieles para las prédicas. Las Hallenkirche (semejantes a grandes salones) son el resultado de un encuentro entre las formas góticas francesas y las borgoñesas cistercenses, ya muy difundidas entre los países del Este europeo. Están encuentran gran aceptación a mediados del s. XIII y hasta mediados del s. XIV, especialmente en Alemania. Entre las variaciones estilísticas elaboradas por las distintas regiones, presenta un interés especial la arquitectura gótica del ladrillo, originario de las zonas septentrionales. En efecto, presenta características propias distintas de la originaria arquitectura gótica de piedra. Además de la catedral de Lubeck, de contrafuerte rígidamente encuadrados y esbeltas ventanas verticales, constituye un estupendo ejemplo de este tipo de construcción la iglesia abacial de Chorin, límpida expresión de fuerza, sobriedad y contenida elegancia. Pero ya nos hallamos a mediados del s. XIV y el gótico ser encamina hacia su postrera transformación.

Escultura

El desarrollo de la escultura monumental asociada a los edificios religiosos aparece de modo esporádico y fragmentario. Los grandes talleres no debieron logran la misma influencia que los de Francia.

El núcleo más importante y con gran diferencia se sitúa en las regiones de Turingia, Franconia y Sajonia. En Freiberg, la puerta dorada (hacia 1230, cuya arquitectura está aún repleta de reminiscencias románicas, no revela una escultura mucho más adelantada, fresca y sensible. En Bamberg se suceden 2 talleres de tendencias contrarias: uno (que trabaja entre 1225-1235), difícilmente relacionable con el arte occidental, reúne cierto bizantinismo en el plegado de los ropajes con una apasionada energía del gesto y la actitud; otro, aunque siga al primero con escasa solución de continuidad, revela la influencia del estilo de Reims. En Naumburgo, las soberbias estatuas de los protectores de la iglesia, de potente originalidad, son acaso las obras maestras en que lo alemán se acerca más a la plenitud y a la grandeza clásica.

En el Rin, volvemos, en Maguncia y, especialmente, en Estrasburgo, a los talleres relacionados con los franceses. El más antiguo, produjo, a mediados del s. XIII, las famosas estatuas de la iglesia y de la sinagoga, mientras que el más moderno, a fines del mismo s., salieron las series de las Vírgenes locas y las Vírgenes prudentes, a que los alemanes fueron muy aficionados, y que se hallan asimismo en Friburgo y Magdeburgo.

Alemania no se expresa realmente a través de la arquitectura, sino a través de la escultura y la pintura de ese tiempo. La situación del arte en relación con el aristocrático del s. XIII ha sido comparado con la del barroco en relación con el renacimiento italiano: semejante avidez expresiva a expensas de la imitación; parecida ansia de movimiento a expensas de lo monumental. Los torturados pliegues de un ropaje esculpido o pintado, las líneas de un grabado heráldico, nos permiten apreciar los caracteres de este estilo de trazos quebrados, de rostros gesticulantes de dolor o transfigurados de suavidad sobrehumana.

El desarrollo de la escultura, en especial de la talla en madera, fue muy favorecido en Alemania por la costumbre de hacer grandes retablos pintados y esculpidos. Por otra parte, cierto número de artistas que se conocen en el s. XV se encargaban, sin duda, simultáneamente de la pintura y la escultura de estas obras, producción necesariamente desigual, aunque nunca haya caído en la industrialización flamenca.

Dos ciudades dominan ampliamente sobre las demás por la calidad del trabajo y la personalidad de los artistas. La más importante es Nürember, con Veit Stoss, Adam Krafft y Peter Vischer. Adam Krafft es un vigoroso cantero, en el que hay una vena popular bastante pesada y vasta, pero lo salva de caer en la afectación de su tiempo. En él se conserva intacto el espíritu de la época anterior.

En cuanto a Peter Vische, trabaja en la fundación de su familia, con su padre y sus hermanos. Antes de adoptar el repertorio del Renacimiento, este grupo produce y exporta en todas direcciones placas funerarias, ya grabadas, ya en bajorrelieve.

Wurtzburgo es el segundo centro de escultura. Si bien la variedad, un excelente tallista, Tilmann Riemenschneider posee un floreciente taller de donde sale gran cantidad de encantadoras creaciones.

Una de las más notables personalidades artísticas del gótico alemán es el desconocido maestro que entre 1230 y 1237, esculpió en el taller de Bamberg la notable figura del Caballero, animada por un extraordinario sentido plástico y una profunda sensación de dramaticidad en su bello rostro.

Igual que la arquitectura, la escultura gótica alemana está caracterizada por la síntesis de nuevos elementos importados de Francia con otros enraizados en la tradición local. Con respecto a los modelos franceses en que se inspiran, los relieves alemanes denotan, particularmente, un carácter muy individualista y una más rica expresividad.

Un phatos profundo y sutil anima al Cristo y a la figura de la iglesia y de la sinagoga de la catedral de Estrasburgo. El escultor procedía, ciertamente, de los taller de Chartres, donde había asimilado la nueva técnica; pero la extraordinaria humanidad ambas figuras (la iglesia triunfante y la doliente sinagoga) no es producto del oficio ni de la escuela, sino de la excepcional sensibilidad y madurez artística del autor.

El cuadro de la escultura gótica alemana, se completa con las tallas en madera, que en esa época tienen un notable florecimiento. Un tema particularmente caro al clima ascético de la Edad Media es la patética figura de la Mater Dolorosa, a menudo parte de algún grupo que representa la crucifixión.. Por ejemplo, la Mater Dolorosa de madera policromada, procedente de la Alta Sajonia (1230, aproximadamente), que se halla en los Antiguos Museos del Estado, en Berlín.

En memoria del fundador de la Catedral de Brunswick, Enrique de León, fue erigida a mediados del s. XIII, su tumba. Este notable monumento funerario representa al famoso antagonista de Federico Barbarroja, junto con su esposa, Matilde de Inglaterra. La notable compostura de los rostros y el sobrio tratamiento de las vestiduras (desprovistas de todo lineamiento sutil y de todo preciosismo de gusto gótico) demuestran hasta qué punto en aquella época, la tradición románica estaba aún viva.

Con el final del s. XIII y el comienzo del s. XV, la escultura alemana manifiesta una mayor adhesión al arte francés, logrando conjuntos de extraordinaria elegancia, tales como el portal principal de la catedral de Estrasburgo, cuyos relieves, disciplinados, dentro de rígidas particiones arquitectónicas, ilustran los acontecimientos de la Redención.

En el portal occidental de la catedral de Estrasburgo, la decoración escultórica se halla completamente sometida a la arquitectura y a la verticalidad de ésta. En su portal principal, las escenas de la Última Cena, del Beso de Judas y del Prendimiento de Cristo se siguen sin separación y llenan con su vivacidad expresiva y espacio ofrecido por la partición arquitectónica. La extrema violencia de sentimientos y de actitudes es una de las principales características de la escultura gótica alemana, realmente original.

El portal occidental de la Elizabethkirche de Marburgo presenta una decoración escultórica extraordinariamente ligera y delicada. Las figuras de la virgen y de los dos ángeles se destacan sobre un florido fondo vegetal que las transporta fuera de toda realidad humana y terrenal, colocándolas en una especie de paraíso ideal. Elegantes motivos de follajes recorren también los alféizares, los capiteles y la ornamentación de hierro forjado de las puertas.

La fuente bautismal de Hildesheim es una de las grandes obras de bronce realizadas en el s. XIII, tanto por la importancia de sus dimensiones (2 m. de altura por 1 m. de ancho) como por su decoración.

La escultura y las artes menores de la edad gótica experimentan en Alemania una renovación más sustancial que la arquitectura: una vena de realismo popular se mezcla con los ideales de la tradición caballeresca.

En el campo de la escultura, las novedades y las conquistas de la era gótica, están señaladas en Alemania por los contactos con la escuelas francesas. Sobre todo, las escuelas de Reims ofrecen una intensa y profunda sugestión; pero todas las imágenes adquieren en el área germana una potente carga dramática, nueva y de origen local. Aquí, además, la escultura es más bien rara en los portales y los exteriores de las iglesias, invade los interiores de las catedrales, animadas mágicamente. Mientras que las imágenes escultóricas, comúnmente refugiadas en las archivoltas, antes parecían de tamaño reducido, ahora resaltan en sus nuevas dimensiones normales, adquiriendo vida y potencia. El famoso Caballero de Bamberg, erigido en el coro de la catedral, es la imagen terrenal de un histórico héroe de un poema caballeresco. En cambio, el Juicio Universal, representado en el portal de la misma iglesia, es una inquietante fantasía que se manifiesta en imágenes violentamente expresivas; aguda y despiadada es la definición de sus trazos realistas, que rozan lo grotesco, demuestra la multiplicidad del espíritu de los escultores germanos.

En la primera mitad del s. XVIII, la escultura gótica alemana alcanza un florecimiento sorprendente, y con las experiencias de los antiguos artesanos locales, impregnadas por las nuevas enseñanzas estilísticas y formales llegadas desde Francia, elabora una síntesis madura y original, llena de valores nuevos. En las esculturas de Naumburgo, de Magdeburgo, en las numerosas aunque menos conocidas imágenes de dona, en las figuras de santos, en las lápidas sepulcrales, la sensación de corporeidad, ora solemne, ora dolorosa, se une a una penetrante y siempre felicísima individualización psicológica. Y esto, precisamente, se convierte en el elemento típico y más original de la escultura alemana: la vida interior se revela aquí con tal urgencia e impetuosidad, que no conoce ese velo de elegancia y compostura que siempre caracteriza a las imágenes francesas. A fines del s. XIII y durante los primero s años del XIV, se advierten en las esculturas nuevas tendencias estilísticas. Los pliegues sutiles y frágiles que cubrían los cuerpos de las vírgenes de Estrasburgo cobran mayor amplitud, mientras que las figuras tienden a arquearse, a desmaterializarse, a resolverse en expresiones de nerviosa verticalidad. Los fuertes contrastes plásticos de las esculturas de Naumburgo y Bamberg dejan sitios a imágenes casi incorpóreas, pero no por ello menos intensamente expresivas. En las puertas del Oeste de Nuestra Señora de Estrasburgo, que alguien ha definido como “la cínica representación enciclopédica alemana de la historia de la redención”, y que pertenecen al final del s. XIII, las figuras han perdido completamente su valor individual para transformarse en elementos complementarios e integrantes de la arquitectura. En realidad, Estrasburgo, que hoy pertenece a Francia, constituía ya en el s. XIII un lugar de encuentro entre las tendencias francesas y las alemanas. Los escultores que entonces trabajaban allí eran indudablemente alemanes, pero se ve claramente que conocían los aciertos alcanzados por la escultura francesa en Chantres y en Reims. La misma evolución se nota en las esculturas de madera, que, en sus líneas angulosas y atormentadas interpretan, con gran violencia dramática, los temas de la Pasión.

Entre tanto, en Hildesheim, se prolonga la vivaz tradición de la escultura en bronce, cada vez más desvinculada del refinamiento tradicional bizantino, e inspiraba en una observación directa de lo real y de los modelos del arte clásico. Así nacen obras maestras del cincel, cuyo valor no disminuido en modo alguno por su clasificación entre las artes menores, establecida por una crítica posterior. Candelabros, arañas, fuentes bautismales, pilas de agua bendita, incensarios y relicarios no solo son valiosos objetos usuales que otorgan belleza decorativa a las iglesias y monasterios, sino que expresan una calidad artística y un vigor representativo digno de ser comparados con los de las grandes esculturas. Y lo mismo puede decirse de los esmaltes, similares a aquellos, refinados y preciosos, que salían de los talleres de Limoges desde el período románico y que una vez más testimonian las frecuencias de los contactos entre las escuelas francesas y germanas. Las miniaturas se inspiran preferentemente en temas mundanos y cortesanos, ilustrando poemas caballerescos con señorial elegancia de formas. Las sugerencias provienen, como de costumbre, de Francia ya decididamente orientada desde el s. XIII hacia un refinado preciosismo cuyas fuentes argumentales son los temas nobles y mundanos. A la escuela de Estrasburgo pertenece el códice miniado que contiene el poema de Parsifal, en muchos detalles semejante al famoso Salterio de San Luis, pero que presenta una mayor angulosidad de rasgos y tendencia a estilizar.

Arte renacentista

El renacimiento clasicista y la Reforma protestante afectaron profundamente las artes del s. XVI y transformaron la educación. El estilo gótico tardío continuaba en pintura y escultura, caracterizado por la devoción religiosa y el gusto por los detalles elegantes. Tanto los maestros pintores Matthias Grünewald y Stefan Lochner, y los escultores Veit Stoss, Peter Vischer el Viejo, Adam Kraft y Tilman Riemenschneider dedicaron un gran esfuerzo en la realización de vidrieras y retablos. El estilo renacentista, caracterizado por motivos clásicos y el interés en el mundo de la naturaleza, fue introducido desde Italia por Alberto Durero. Lucas Cranach el Viejo y Hans Holbein el Joven expresaron el énfasis humanista sobre el individuo en sus retratos. Durero y Martin Schongauer combinaron los elementos góticos y renacentistas en las nuevas técnicas de grabados en madera y cobre, utilizados para la ilustración de libros en la imprenta. Hasta la Reforma se mantuvo el gótico tardío como estilo arquitectónico, momento a partir del cual se detuvo prácticamente la construcción de iglesias. Los protestantes desaprobaron las manifestaciones artísticas en las iglesias, aunque la burguesía gastó enormes cantidades en casas con tejados empinados, con entramado de madera, y pintadas de forma decorativa. También se edificaron opulentos palacios y ayuntamientos siguiendo el estilo renacentista.

Pintura

En la pintura renacentista destaca Alberto Durero. Aunque nacido casi al mismo tiempo, ciertos artistas han aprovechado mucho menos que Durero las lecciones del renacimiento. Estos son Hans Baldung Grien, colorista refinado y aficionado a armonías cromáticas ácidas, que se deja lleva a veces por una tendencia erótica. En Ratisbona, Albretcht Altdorfer gusta de complicadas arquitecturas y desmelenados paisajes, poblados de personajes, con frecuencia anecdóticos.

Lucas Cranach siguió una evolución contraria a la de Alberto Durero; menos original que los anteriores, Hans Burgkmair el Viejo, de Ausburgo, colaboró con Alberto Durero en los grandes empresas de grabados e ilustración del emperador Maximiliano, empleo para el que le hacían idóneo sus cualidades de fecundidad, ligereza e italianismo.

Hans Holbein el Joven, aunque hizo muchos modelos de ornamentación y algunos cuadros religiosos y pinturas murales, su genio radicó en los retratos, que desafían todo análisis por la naturalidad y la precisión de colorido, y son exactos sin caer en la sequedad y monumentales no obstante su detallismo.

A pesar de haber vivido en Suiza, Hans Holbien el Joven no influyó sino en ciertos retratos de Zurich. Niklaus Manuel Deutsch, de quien la pintura no pasó de ser una de sus múltiples ocupaciones, es un refinado colorista, con un estilo personal. Carece d ella brutalidad de su compatriota, el lansquenete Urs Graf, cuyas estampas huelen a batalla, al mismo tiempo que elevan hasta lo más alto la tendencia ornamental, eficaz asimismo en asombrosas vidrieras y, sobre todo, en esas vidrieras con escudos que son una de las glorias de la Suiza de aquellos tiempos.

En cuanto a las demás arte todavía conocen mayor decadencia que la arquitectura. Únicamente el pintor Adam Elsheimer, de Francfort, merece ser citado, por sus paisajes pintados en Roma, en los que la minucia de la técnica se equilibra con la nobleza del estilo y de la iluminación. Joachim von Sandrart ha merecido, asimismo, reputación, pero más que por sus talentos artísticos ha sido por sus escritos, en los que da interesantes noticias de los artistas que trató.

La pintura en Alemania tuvo una ilustre tradición durante el renacimiento, gracias a varias personalidades artísticas que dominaron el panorama. El arte alemán estuvo muy vinculado al pasado gótico, pero muchos de sus artistas fueron capaces de fundir la herencia medieval con los nuevos descubrimientos. Konrad Witz fue uno de ellos. Parte del gran altar El milagro de los peces, también conocido como Cristo andando sobre las aguas (1441, Museo de Arte e Historia, Ginebra), refleja un paisaje real con referencias específicas a elementos del paisaje suizo de los Alpes y que expresan la conciencia de Witz respecto a la aceptación de los avances artísticos italianos. Los artistas alemanes encabezaron el desarrollo del arte del grabado, como lo demuestran las publicaciones de libros, que en este periodo florecieron por todas partes.

La pintura renacentista alemana abarca los años que median entre 1470-1550. Evoluciona muy rápidamente hacia fórmulas manieristas como consecuencia de la crisis religiosa que afecta a Centroeuropa. La practican artistas innovadores, intelectuales muy evolucionados. Se caracteriza por ser una pintura con marcada tendencia a lo religioso. Por influencia del grabado, los contornos en esta pintura son de carácter lineal. Destaca del taller de Martin Schóngauer cuya constante es la recurrencia al Antiguo Testamento y a la Sagrada Biblia en general, temas reformistas por excelencia, ya que Alemania vivía el clima de la renovación erasmista.

Hans Holbein, el Joven (1497-1543), es considerado como el precursor de una modalidad de retrato que luego será muy usual durante el s. XVII y que consiste en acompañar la figura del retratado con objetos comunes que resalten su perfil psicológico, su ambiente y su condición social. Su partida a Inglaterra, como pintor de Enrique VIII y de su Corte, está considerada como el punto final del Renacimiento alemán.

Escultura

La escultura está lejos de alcanzar el esplendor de la pintura. La práctica en especial el taller de Peter Vischer el Viejo, cuyo primer trabajo dentro del estilo netamente renaciente es el Relicario de San Sebaldo (1508-1509). los hijos de Peter Vischer el Viejo, Peter Vischer el joven y Hermann, ayudan a su padre. De su fundición salen las mejores figuras del Sepulcro de Maximiliano en Innsbruck (1513), además de gran cantidad de placas grandes y pequeñas en relieve. En este género requiere también reputación merecida el nürembergués Peter Floetner. En Ausburgo, Daucher, artista de segunda fila, emplea hábilmente los modelos italianos.

Continúa la moda de los grandes retablos, que, en la mayor parte de los casos y aunque hayan sido esculpidos bien entrado el s. XVI, no muestran huella de italianismo.

Arquitectura

Acaso donde se aprecia mejor lo superficial de la influencia italiana en Alemania es en la arquitectura. Si en buena cantidad de castillos, como en Brieg o Wismar, se halla profusión de ornamentos a la italiana, a veces ejecutados por artistas de esta nacionalidad, escasas son las obras en que se note un deseo de composición regular y una obediencia a los mandatos de Marco Vitruvio Polión. La fachada del palacio del elector Otón-Enrique, en Heidelberg (1556) es, este aspecto, más excepción que ejemplo, y nadie puede, por lo demás, asegurar que su autor fuese alemán.

El s. XII no mejoro la situación. Entre 1616 y 1648 la mayor parte de Alemania es terriblemente castigada por el azote de la Guerra de los 30 años. En el terreno protestante se desarrolla, sin embargo, una arquitectura pesada y movida, carnosa de formas, notable por sus tejados bulbosos, por sus fachadas puntiagudas, de recortes complicados. Es un modo de barroco, pero muy transformado por las decoraciones de los Países Bajos. De Estrasburgo salen los arquitectos Wendel Dietterlin y Schoch. Ausburgo cuenta con Elias Holl, de arte un tanto seco. Master Francke construye la iglesia protestante de Wolfenbutten. En la Alemania católica y en Austria, donde los jesuitas despliegan gran actividad, triunfa el estilo italiano en Münich, Salzburgo y Praga, y los arquitectos son generalmente italianos.

Artes menores

Así como la generación desaparecida a mediados del s. XVI, había sido rica en talentos, la que le sucedió fue pobre. Sus únicos artistas notables son los grabadores, ciertamente hábiles y seductores, pero carentes de grandeza. Se puede citar a los hermanos Beham y Bencz en Nüremberg, a Heinrich Aldegrever, en Soest. La reforma asesta al arte un golpe terrible; verdad es que los mejores artistas alemanes de tiempos de Alberto Durero habían aceptado la Reforma, pero no es menos cierto que su formación se remontaba a una época anterior a ella. Y aún fueron peores para el arte las guerras civiles que acompañaron a este movimiento de los espíritus

El estilo gótico tardío continuaba en pintura y escultura, caracterizado por la devoción religiosa y el gusto por los detalles elegantes. Tanto los maestros pintores Matthias Grünewald y Stefan Lochner, y los escultores Veit Stoss, Peter Vischer el Viejo, Adam Kraft y Tilman Riemenschneider dedicaron un gran esfuerzo en la realización de vidrieras y retablos. El estilo renacentista, caracterizado por motivos clásicos y el interés en el mundo de la naturaleza, fue introducido desde Italia por Alberto Durero. Lucas Cranach el Viejo y Hans Holbein el Joven expresaron el énfasis humanista sobre el individuo en sus retratos. Durero y Martin Schongauer combinaron los elementos góticos y renacentistas en las nuevas técnicas de grabados en madera y cobre, utilizados para la ilustración de libros en la imprenta.

Hasta la Reforma se mantuvo el gótico tardío como estilo arquitectónico, momento a partir del cual se detuvo prácticamente la construcción de iglesias. Los protestantes desaprobaron las manifestaciones artísticas en las iglesias, aunque la burguesía gastó enormes cantidades en casas con tejados empinados, con entramado de madera, y pintadas de forma decorativa. También se edificaron opulentos palacios y ayuntamientos siguiendo el estilo renacentista.

Arte barroco

En Sajonia triunfa un barroco exuberante con Poepplemann y en Baviera con los hermanos Egid Quirino Asam y Cosme Damian Asam, que son a la vez arquitectos, escultores, estuquistas y pintores, (Iglesia de San Juan Nepomuceno, en Münich), mientras George Bähr despliega en el templo Frauenkirche, de Dresde, un genio severo que contrasta con el risueño Poepplemann. Pero más tarde, convencidos los electores de Baviera de la superioridad de lo francés, le dan la preferencia a Joseph Effner, discípulo de Germain Boffrand, y François de Cuvilliés, decorador de incomparable fantasía (Teatro de la Residencia, de Münich), quien, a pesar de su formación parisiense, puede hacer gala en Alemania de una imaginación caprichosa que acaso no le hubieran permitido en su país.

Aunque los acontecimientos políticos —guerra de los Treinta Años (1618-1648) en Alemania y presencia de los turcos en Austria— impidieron el desarrollo del barroco en ambos países hasta el s. XVIII, algunos artistas importantes se destacaron a lo largo del s. XVII. Dos maestros de la pintura barroca alemana fueron Adam Elsheimer, que se trasladó a Roma en 1600 y pintó dentro de la corriente clasicista italiana, y Johann Liss, que viajó a Venecia en 1621, trabajando allí y también en Roma.

Arquitectura

Una paz y una prosperidad bastante generales durante el s. XVIII permitieron una resurrección brillante de la arquitectura, aunque es cierto que los extranjeros desempeñaron en ello no escaso papel. Cabe distinguir dos corrientes principales: la Italiana, que penetra en Alemania, especialmente a través de Austria y los Países Católicos, y a la francesa, apenas sensible antes de 1720, pero que domina a finales de s. De todos modos, en muchos lugares, los alemanes supieron realizar una síntesis original de las lecciones recibidas.

Hasta principios de s., habían imperado en Alemania los arquitectos italianos (el último de ellos, Domenico Martinelli). Tras el 2 grandes artistas austriacos comparten el cetro: Johann Bernhard Fischer von Erlach, autor de la iglesia de San Carlos Borromeo en Viena y de numerosos palacios en Viena y Praga, y a Johann Lukas von Hildebrandt, afortunado autor, entre otros edificios, del palacio vienés de Belvedere, para el príncipe Eugenio. Un tirolés, Jacob Prandtauer, se dedica especialmente a la arquitectura eclesiástica; su obra maestra es el monasterio de Melk, junto al Danubio.

Como Austria, la Suiza del Alto Rin, en particular por su contacto por Voralberg, dejó penetrar ampliamente la influencia italiana. De esta región salieron numerosos arquitectos que constituyeron verdaderas dinastías de maestros de obras. Su actividad se extendió también por el sur de Alemania. Conviene citar a Franz Beer von Blaichten, Peter Thumb y los hermanos Kaspar, Andreas y Anton I Moosbrugger, autores del Santuario de Peregrinaciones de Einsiedeln. Pero les ganan los autores de las grandes abadías y santuarios de Suabia, cuyos principales representantes son el soberbio constructor Johann Michael Fischer, arquitecto puramente religioso que, según su epitafio, construyó o reparó 32 iglesias y 25 monasterios, y Domenicus Zimmerman, decorador de imaginación embriagadora y de finura exquisita.

En la región del Rin Medio y del Maina, donde, hasta cerca de 1720, predominaron las influencias italianas, bajo el impulso de la principesca familia de los Schoenborn, que ocupan los más importantes puestos eclesiásticos, un originalísimo centro artístico que reúne las corrientes italiana y francesa. El elector de Maguncia cuenta con el arquitecto Maximilian von Welsch, gran señor que imprime un sello a las empresas de la época: la residencia llamada La Favoritam cerca de Maguncia, y Bruchsal. Johann Balthasar Neumann, el más grande arquitecto alemán de su época, levanta la residencia de Wurtzburgo, así como las iglesias de Wierezahnheiligen y Neresheim.

En los países vecinos no tardan en dominar los franceses. El elector de Colonia y el príncipe de La Tour y Taxi emplean a Robert de Cotte y sus discípulos; el elector palatino toma a su servicio a Nicolás de Pigage quién, en compañía del escultor flamenco Peter Anton von Verschaffelt, que trabaja en los jardines de Schwetzingen y en el castillo de Benrath. El duque de Wurtenberg da la preferencia a Pierre – Louis Phillippe de la Guêpière. A fines de s. todavía quedan Pierre-Michel dIxnard, Antoine François Peyre, el Joven, David Mangin y Nicolas-Alexandre de Salins.

En Hesse-Cassel se suceden varios miembros de la familia del Ry, cuyo fundador es un refugiado hugonote.

En cuanto a Prusia, primero prueba con los artistas holandeses Johann Gregor Memhardt y Johann Arnold Nering y con el refugiado Jean de Bodt. En el palacio real, completamente reformado a principios de s., trabaja Andreas Schluter que, al caer en desgracia, deja su peso al sueco Johann Friedrich Eosander. Más tarde, Federico II no siente hacia la arquitectura francesa la misma admiración que hacia François-Marie Arouet, de sobrenombre Voltaire; su arquitecto predilecto es Georg Wenzelaus Freiherr von Knobelsdorff que, aun apreciando a sus contemporáneos de Francia, prefiere a Andrea di Pietro dalla Gondola, llamado Andrea Palladio. Una creación tan singular como el palacio de San-Souci debe no poco la intervención del soberano.

La mayor parte de las residencias principescas, estaban rodeadas de jardines y parques magníficos, en los que colaboraron franceses e italianos. Cuando llega la moda de parques paisajísticos, Alemania la aceptó con fruición y produce en Woerlitz, cerca de Dessau, uno de los más curiosos ejemplares del género.

En la arquitectura rococó es posible distinguir las formas orgánicas constituidas por un gran número de curvas. En Austria y Alemania el rococó en la arquitectura fue muy destacado y uno de sus mejores ejemplos es el Palacio Eoiscopal en Alemania, en el cual el arquitecto Johann Balthasar Neumann realizó una decoración típica de la época: blanco, oro y tonos pastel.

En el sur católico, se erigieron y restauraron un gran número de iglesias y monasterios. Se adoptó el impresionante estilo barroco que se había desarrollado tras el renacimiento italiano y francés, transformándolo en un estilo rococó agraciado y exuberante, que desarrolló unas características típicamente alemanas. Son destacadas la iglesia de Vierzehnheiligen, construida por Johann Balthasar Neumann; la iglesia de San Carlos Borromeo, en Viena, por Johann Bernhard Fischer von Erlach, y las iglesias de los hermanos Cosmas Damian Asam y Egid Quirin Asam. El estilo barroco-rococó también se utilizó en palacios, como el de Schönbrunn (en las afueras de Viena), y el de Zwinger, en Dresde.

Pintura

Pintura y escultura están lejos de igualar a la arquitectura. Alemania está llena de hábiles decoradores, capaces de dar a una iglesia o un palacio una atmósfera de fiesta, pero carece de grandes artistas en esta época. Se llama entonces a artistas extranjeros, como al francés Antoine Pesne, al italiano Giovanni Battista Tiépolo. Los mejores retratistas son suizos: Anton Graff y, en especial, el paisajista ginebrino Jean Ettiene Liotard. En Berlín, agradables viñetas popularizan el finísimo talento del grabador Daniel Nikolaus Chodowiecki.

Escultura

En escultura, domina a los demás el nombre de Andreas, cuyas mejores obras (estatua ecuestre del Gran Elector y esculturas del arsenal) están en Berlín.

La escultura del s. XVII en Alemania y Austria conservó las características del gótico tardío y el manierismo. En Alemania, el altar Überlingen (1613-1619), de Jörg Zürn, representa la continuidad de la tradición alpina en la talla de madera, mientras que el de la iglesia parroquial de Insterburg (c. 1623), de Ludwig Munstermann, evidencia la influencia manierista. Balthasar Permoser, en Baviera, asimiló el estilo del pleno barroco italiano trasladándolo a Dresde, donde se convirtió en el escultor barroco más destacado. Sus alegres esculturas para el Zwinger (comenzado en 1711), una ampliación grandilocuente del palacio de Dresde proyectada por Pöppelman, están consideradas por los estudiosos como la parte más interesante del edificio. En Viena, al igual que en Dresde, la arquitectura barroca encontró entre los monarcas a sus mejores mecenas. Uno de los más destacados arquitectos barrocos de Austria, Johann Bernhard Fischer von Erlach, demostró su perfecto conocimiento de los modelos italianos en la exuberante iglesia de San Carlos Borromeo en Viena (1716-1737).

Artes menores

En cambio, los decoradores alemanes, formados en la escuela de Francia e Italia, son excelentes y numerosos. Suele ignorarse que eran renanos muchos ebanistas con taller en París a fines del s. Finalmente, la porcelana, cuyo secreto había vuelto a hallarse en Alemania, llegó a constituir un arte nacional. Tras la primera manufactura, Meissen, hubo infinidad de fábricas que produjeron esos graciosos grupitos que impropiamente se suele llamar “de Sajonia”.

Arte neoclásico

Pintura

En el movimiento internacional que se produjo en la segunda mitad del s. XVIII, centrado por Roma, conocido bajo el nombre de Neoclasicismo, los eruditos alemanes Johann Joachim Winckelmann y rafael Anton Mengs desempeñaron trascendental papel en la nueva apreciación de la antigüedad clásico – latina. La colonia alemana de Roma solía reunirse en torno a la pintora María Anna Angélica Kauffmann; el gran Johann Wolfgang von Goethe frecuentó esa sociedad durante su viaje a Italia. Los artistas brillaban más por su buena fe o por su ambición que por su genio; por ejemplo, el pintor Johann Heinrich Wilhelm Tischbein, el escultor Alexander Trippel y el dibujante Asmus Jacob Carstens. Más tarde llegarán Bonaventura Gennelli y los adalides del paisaje histórico Joseph Anton Koch y, luego, Carl Rottmann y Friedrich Preller, admiradores también de Nicolás Poussin.

Arquitectura

Salidos de esta atmósfera intelectual, Carl Gotthard von Langhans Y Karl Friedrich Schinkel transformaron Berlín en una ciudad clasicista, bastante fría por cierto. Sin embargo, tuvieron la suerte de contar con colaboradores como los escultores Johann Gottfried Schadow (hijo de Wilhelm von Schadow) y, más tarde, con Christian Daniel Rauch que supieron conservar la afición a la vida a despecho de la tiranía clásica.

En Münich, Leo von Klenze, en Weimar, Nikolaus von Thouret, y en Carlsruhe Friedrich Johann Jacob Friedrich Weinbrenner, desempeñó un papel semejante al de Carl Gotthard von Langhans Y Karl Friedrich Schinkel en Berlín, pero con un talento mucho más escolar.

Escultura

En la misma corriente de ideas, cabe aún citar, como escultores, a Johann Heinrich Dannecker, que sufrió fuertes influencias de Antonio Canova y al abundante y mediocre Ludwing Michael von Schwanthaler.

Romanticismo

Arquitectura

Cierto número de aficiones que nos parece propia del romanticismo se hallan ya en el ambiente del neoclásico, como el gusto por la Edad Media y el de los temas nacionales. Ya Johann Wolfgang von Goethe había celebrado la belleza de la catedral de Estrasburgo y el arquitecto Karl Friedrich Schinkelm en numerosos dibujos y postreras construcciones, pidió su inspiración al estilo gótico.

Con un estrecho margen para desarrollar la acción política, muchos alemanes de clase media se volvieron hacia cuestiones culturales, mediante las cuales influyeron en el mundo occidental. La pintura alemana, como reacción contra el neoclasicismo de Anton Rafael Mengs, adoptó posiciones románticas, como quedó ejemplificado en los vastos y amplios paisajes de Caspar David Friedrich y Phillip Otto Runge. Posteriormente la pintura se orientó hacia posiciones más cercanas al realismo. La arquitectura se inclinó hacia un estilo neogótico, de influencia romántica y hacia el neoclasicismo.

Formación de la unidad alemana

El período que se extiende entre mediados del s. XVIII y 1870, aunque pobre en artistas, presenció un movimiento político que había de influir profundamente en el arte alemán. La unificación progresiva tiende, en efecto, a borrar las diferencias entre las escuelas locales. Poco a poco, los antiguos centros artísticos van perdiendo importancia en beneficio de Berlín, ciudad antes considerada desconocida por Münich o Viena, pero donde el movimiento intelectual se vuelve más activo cada vez, a medida que se transforma en capital de un gran estado. Esta época de transición tuvo una arquitectura muy mediocre, que casi imitó constantemente las formas renacentistas. Sin embargo, el maestro de tal tendencia, Gottfried Semper, que trabajó en Dresde, Suiza y Viena, dio desde la Escuela Politécnica de Zürich, atrevidas enseñanzas, cuya repercusión fue profunda en Suiza y Alemania a la vez. Fue la personalidad más significativa del eclecticismo alemán y recogió elementos de la arquitectura del renacimiento italiano para su teatro de la Ópera en Dresde (1838-1841); asimismo, en la sinagoga de esta misma ciudad incluyó elementos lombardos y árabes.

Imperio alemán

La época que sigue a la victoria de 1870 se caracteriza por un prodigioso desarrollo económico, acompañado de un rápido ensanche de las ciudades y sobre todo de Berlín. La administración municipal protege tal crecimiento y vela por la aplicación de amplios planes de urbanización; pero, cuando menos al principio, la arquitectura no parece dispuesta a colaborar en este esfuerzo y produce imitaciones desgraciadas de los más variados estilos: estaciones de ferrocarril románicas y casas de correo renacentistas. A fines de s., por cansancio de estos eclecticismos, florece el jugendstijl (estilo de la juventud), movimiento decorativo de líneas en forma de latigazos y de motivos inspirados en formas vegetales repetidas, que floreció asimismo en otros países, con los nombres de Modern Style, Art Noveau o Estilo Modernista (numerosos edificios de Barcelona).El principal representante germánico fue Bruno Schmitz, que supo hallar su inspiración majestuosa, colosal, en el Monumento de la batalla de las naciones, de Leipzig. Este monumento nació con retraso (1900-1912), pues cuando se terminó Alemania ya seguía otra dirección, nacida bajo la influencia del belga Henri Clemens van de Velde y del holandés Hendrik Petrus Berlage, que aspiraba a dar una expresión arquitectónica, por así decir obligada, a los edificios utilitarios: almacenes, fábricas y estaciones.

Pintura

Poco después de 1810 llegó a Roma un grupo de artistas, católicos por familia o por conversión, que se instaló en el convento de San Isidro y se esforzó por renovar la pintura monumental con una vuelta de los primitivos, entendiendo como tal la primera manera de Rafael Sanzio de Urbino o Pietro di Cristoforo Vannucci, llamado el Perugino más que los contemporáneos de Giotto di Bondone. Este grupo se llama los Nazarenos. Johann Friedrich Overbeck, uno de sus jefes, no abandonó Roma, pero los demás llevaron a Alemania un arte que tuvo importancia primordial y su acción se dejó sentir mucho tiempo. Peter von Cornelius, grandilocuente y aburrido, cubrió de frescos la Gliptoteca de Münich y la iglesia de San Luis de la misma ciudad. Sus cartones, destinados al camposanto de Berlín, están llenos de reminiscencias mal dirigidas de Miguel Angel Buonarrotti y Alberto Durero. Veidt, Eduard von Steinle, Willhelm von Schadow, Joseph von Führich, Heinrich Maria von Hess, Johann Schraudolph y Julius Schnorr van Carolsfeld propagaron su arte lleno de buenas intenciones, pero pobre en medios plásticos, Wilhelm von Schadow, en particular, formó en Dusseldorf una escuela que mantuvo mucho tiempo la tradición nazarena.

Mucho más seductores que estos artistas, cuyas obras suelen producir en nuestros días un respetuoso aburrimiento, son los ilustradores como Maurizius von Schwind y, en especial, Adrian Ludwing Richter que, con fertilidad y buen humor, reanuda la tradición del trabajo en madera, y los pintores provincianos, injustamente desdeñados, pero que hoy vuelven a un lugar de honor: Caspar David Friedrich, fantástico pintor de los paisajes transfigurados y de las nubes, Carl Blechen, Ferdinand Georg Waldmüller; pintores de retrato como Phillipp Otto Runge, y los pintores de género, un tanto secos, como Krugel o J. E. Hummel.

Aunque Angélica Kauffmann fuera oriunda de Suiza sus compatriotas sufrieron relativamente poca influencia de su grupo grecorromano. El pintor de Zurich, Johann Henrich Füssli, la mayor parte de cuya obra transcurrió en Inglaterra (donde se lo conoce como Henry Fuseli) resulta ya un romántico en su admiración hacia Miguel Angel Buonarrotti. Poeta y pintor, es el tipo mismo de artista literato. Escritor y dibujante, aunque más modestamente que Füssli, Rudolph nos encanta con sus graciosos libros, en los que el texto e ilustración son inseparables.

Louis Léopold Robert sedujo en Francia a las almas sensibles, a pesar de la pobreza de su pintura. La generación siguiente conoció a Alexandre Calame, que aspiró al gran estilo en el paisaje.

Mientras Münich no producía más que pintores de historia, ambiciosos y adocenados, como Wilhelm von Kaulbach y Hans Makart, Berlín contaba con Adolph Friedrich Erdmann von Menzel. Litógrafo muy ingenioso cuando evoca la historia de Federico el Grande, Menzel se nos muestra como un colorista delicado en sus cuadritos consagrados al mismo personaje; pero sobre todo en obras más directas, especialmente en la sobras que pintó durante sus viajes a París, en 1855 y 1867, alcanzan una rara calidad en la observación de la luz, tanto en los interiores como al aire libre. En cambio, no está igualmente afortunado cuando trata de celebrar oficialmente los fastos del nuevo imperio. Tampoco hemos de olvidar al divertido Carl Spitzweg, de Münich, buen pintor anecdótico.

El mérito del delicioso ilustrador y caricaturista Wilhelm Busch, cuyas historietas infantiles conservan la frescura de la espontaneidad, ha sido el no tomarse en serio. Señala los comienzos de un tipo de humor alemán, que se manifestó en las revistas periódicas ilustradas y que, más tarde, y al volverse político, tomó cierta acritud.

Barthelemy Menn nació en los Grisones el mismo año que Adolph Friedrich Erdmann von Menzel. Su formación fue exclusivamente francesa, pero, en lugar de permanecer en Francia como su compatriota Marc Gabriel Charles Gleyre, se estableció en Ginebra, donde sus enseñanzas contribuyeron mucho a la emancipación de la pintura, aunque no pasara de ser como pintor un alumno aventajado de la Escuela de Fontainebleau.

Modernismo

A partir de 1897, Alfred Messel construía en Berlín los almacenes Wertheim, cuya sencillez admira, a pesar de ciertas reminiscencias gotizantes. En Darmstadt, una colonia de artistas se dedicaba a la renovación de las artes decorativas. Una gran asociación, fundada en 1908, el Werkbund, conciliaba las aspiraciones y relacionaba a los artistas con el mundo industrial. Uno de los maestros de este período es Peter Behrens. En Viena, Josef Hoffmann hacía triunfar análogos principios. De ello resultó un verdadero estilo, que se ha llamado, a veces el “estilo vertical”. Gracias a su propio interés y a una eficaz publicidad, dicho movimiento había ganado la adhesión cuando estalló la guerra en 1914, especialmente en cuanto a decoración de interiores, severa y, a veces, pesada, en Alemania, con más fantasía, en Austria.

Pintura

El retratista oficial de los vencedores de 1870, Guillermo I y Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen, fue Franz Seraph von Lenbach, cuya técnica prodigiosa hace olvidar, con su virtuosismo y su truculencia, una sensibilidad algo vulgar y una aburrida afición a las repeticiones. Mucho más pintor fue el bávaro Wilhelm Maria Hubertus Leibl, que sufrió una benéfica influencia de Jean Désiré Gustave Courbet. Opuesto a este retratista, Anselm Feuerbach prolonga las tradiciones del viejo círculo romano – alemán, con sus majestuosas figuras femeninas envueltas en mantos clasicistas. Hans von Marees intelectualizaba en demasía sus innegables dotes plásticas en pinturas como frisos de tonos obscuros y empaste espeso.

Pero el artista que pareció al público alemán la encarnación de sus sueños fue Arnold Böcklin noble espíritu perjudicado por un dibujo blando y un colorido chillón. Hans Thoma logró asimismo mucho éxito.

A los impresionistas corresponde Max Liebermann, que tuvo, como ellos, afición a la luz del aire libre y fue una de las glorias de la “Secesión” de Berlín. Lovis Corinth oculta no poco academicismo bajo un audaz manejo de la pasta y el pincel. La personalidad más definida de esta generación es otro suizo, Ferdinand Hodler, discípulo de Barthelemy Menn, que acabó la obra de educación iniciada por su maestro y dio a los artistas de su país una conciencia de sí mismos. Reaccionando contra el impresionismo, compuso grandes decoraciones murales, a veces grandilocuentes, casi siempre impresionantes, de línea poderosa y crispada, que no necesitaban para imponerse apelar a fáciles efectos de repetición rítmica. Pero Hodler es, hasta en sus errores, un gran artista, que nunca olvida la expresión de la vida.

No es justo olvidar a Max Slevogt, pintor de temperamento, de bellas materias y tonos (cabe recordar el retrato del cantante Francisco d’Andrade en el papel de Don Juan, o su “Hernán Cortés ante Moctezuma”, de la Kunsthale de Bremen), Franz Von Stuck, de un simbolismo decorativo; a Friedrich Hermann Carl Uhde, más conocido como Fritz von Uhde, autor de populares interiores, en que figuran escenas evangélicas; a los austríacos Egon Schiele, fuerte dibujante, no exento de decorativismo y Gustave Klimt, fundador de la “Secesión Vienesa” y jefe de todo un movimiento modernista austríaco, al que han de adherirse Edvard Münch y Ferdinand Hodler.

Expresionismo

Pintura

Paralelamente a los movimientos franceses del Fauvismo y del Cubismo, nace el expresionismo alemán, con el grupo del puente: “Die Brücke”. Este fue un movimiento artístico fundado en Dresde en 1905 por un grupo de artistas expresionistas alemanes, cuyas obras marcaron el comienzo del arte moderno en Alemania. Los principales miembros fueron Ernst Ludwig Kirchner, en cuyo estudio solía reunirse todo el grupo regularmente, y sus amigos Erich Heckel, Hilmar Friedrich Wilhelm Bleyl, Karl Schmith, llamado Schmidt-Rottluff y, más tarde, Emil Hansen, llamado Emil Nolde y Max Hermann Pechstein.Se opusieron a la tradición académica, al realismo y al impresionismo, y buscaron inspiración en el arte medieval y renacentista alemán, en el Art Nouveau, el arte primitivo, las obras de los postimpresionistas franceses, de Vincent Willem van Gogh y Eugène Henri Paul Gauguin, y en los fauvistas. El nombre simbolizaba el puente de intereses comunes que les unía, así como su conexión con el futuro. La mayor parte de los integrantes de Die Brücke no tenía formación artística, pero la intensidad de los colores y la distorsión de las formas lograban expresar su apasionamiento y riqueza imaginativa. Lograron efectos muy expresivos con el marcado contraste de blancos y negros en los grabados en madera, medio al que otorgaron nuevo auge. En 1910 el grupo se trasladó a Berlín y en 1913 se disolvió a causa de diferencias personales.

Otro grupo importante fue “Die Blaue Reiter” (El Caballero Azul) en Münich y la región del Rin, capitaneado por Vasily Kandinsky y secundado por Franz Marc, que se interesa por la estilización geométrica y rítmica de temas zoológicos, y por Auguste Macke, que sabe captar el movimiento de la calle con una línea aguda y un espléndido colorido. Paul Klee se adhirió a este grupo que representa la transición del expresionismo de “Die Brücke” a la abstracción.

Escultura

La fermentación de la pintura en este período no se propaga a la escultura. No falta escultores capaces de componer grandes monumentos conmemorativos, como Reinhold Begas. La Siegesallee, de Berlín, cuyas estatuas datan de 1898 a 1901, prueba lo ridículo de la escultura oficial. En Münich, Johann Lukas von Hildebrandt tiene, cuanto menos, el éxito de someterse a la composición arquitectónica. Louis Tuaillon fue muy apreciado por su talento de animalista. La masa se extasió con las obras Max Klinger, escultor, pintor y poeta, cuyo “Beethoven pretencioso” es harto conocido. No obstante, se debe conocer que hábiles tallistas habían puesto de moda en la decoración de monumentos una escultura primitiva de bastante efecto, inmediatamente antes de la primera guerra mundial (1914-1918).

De la República de Weimar al nacionalsocialismo

Arquitectura

Aunque siguieron trabajando los mismos arquitectos de antes de la guerra, ese espíritu cambia tras ella y se vuelve más racial. La dirección artística pasa, desde el Werkbund de Berlín a la Bauhaus o Escuela de Artes y Oficios, fundada por Walter Adolph Georg Gropius.

La Bauhaus, instalada primitivamente en Weimar (1913-1923), como profesores como Lyonel Charles Adrian Feininger, Vasili Vasílievich Kandinsky, Lázló Moholy-Nagy, Adolph Meyer, Oskar Schlemmer, pintor formalista que lleva lo cubista hacia la libertad abstracta, y un Síndico como Emil Lange, esta escuela taller se proponía llevar las formas artísticas a lo técnico e industrial, por medio de la educación de la sensibilidad que ha desempeñado en el gusto actual un rol trascendental. Luego la escuela pasó a Dessau (1925), donde un nuevo profesor de arquitectura, Hannes Meyer, construyó su maravillosa sede, quedando de director cuando Walter Adolph Georg Gropius dejó la escuela en 1928, hasta 1930, en que lo sucedió Ludwig Mies van der Rohe, otro gran arquitecto. La escuela se trasladó a Berlín en 1932 y al año siguiente fue clausurada por Adof Hitler.

Algo parecido sucede en Viena, bajo un ayuntamiento socialista se renueva la arquitectura. Hierro, cristal y cemento armado se emplean más lógicamente que antes. Se trata, además, de lograr la fabricación en serie de objetos útiles y bellos. El suizo Charles Édouard Jeanneret-Gris, llamado Le Corbusier (El Cuervo), que se educó en Alemania, ejerce gran influencia en su patria y en su país de adopción, y aplica audaces teorías relacionadas con las anteriores del austríaco Adolf Loos.

Pintura

Los temperamentos más salientes son Oskar Kokoschka, cuyos retratos expresionistas de una pincelada tormentosa, resultan acaso menos seductores que los grandes paisajes, vistas de ciudades, más o menos imaginarias (Roma, Venecia, Londres, Praga), iluminadas por errabundos resplandores, y el gran caricaturista Georg Ehrenfried, llamado Georg Grosz, que satiriza profundamente una repugnante humanidad.

El expresionismo es llevado a su lógica salida de no figuración absoluta por el pintor de Berna, Paul Klee (este artista ha influido mucho en la siguiente generación, cuyas obras están empapadas, pese a su geometrismo, de una extraña poesía, de un refinamiento casi exagerado de la forma y la materia pictórica) y por Vasily Vasilyevich Kandinsky, ruso de orígen, que ejerce gran influencia en Alemania y en el mundo entero, siendo el principal causante de que gran parte de la pintura de nuestro tiempo haya elegido el camino de la abstracción, que inicia hacia 1910, después de haber pasado por una fase relacionada con el jugendstijl y con otra expresionista. Otro pintor, Max Ernst, se relaciona con el surrealismo (en especial por sus collages, composiciones logradas por medio de grabados antiguos recortados y pegados en composiciones incongruentes, y por los “frotagges” dibujos logrados por frotación de una mina de lápiz sobre una superficie rugosa), mientras Max Beckmann adopta una manera árida y fuerte. Se forma una nueva escuela llamada “De la Nueva Realidad” (“Neue Sachlikeit”), de más ruido que provecho. Se puede citar de esta escuela a Karl Hofer, de un helado expresionismo en una forma figurativa cerrada, a Alekséi von Jawllensky, compañero de Vasily Vasilyevich Kandinsky, Paul Klee y Lyonel Charles Adrian Feininger en el grupo “Die Blaue Vier” (“4 Azul”), de una paleta de extraordinarios contrastes cromáticos, que poco a poco se reduce a mayor refinamiento, mientras que el dibujo pasa de lo figurativo a la casi abstracción, inspirada por las líneas del rostro humano.

Escultura

La escultura está dominada por lo germánico. Suiza, que casi carece de tradición escultórica, cuenta con escultores como Karl Geiser, Hermann Hubacher o Hermann Haller, de gran talento.

La escultura alemana sale de un gran período de mediocridad con Wilhelm Lehmbruck, Georg Kolbe y Renée Sintenis. Un fenómeno singular es el de Ernst Barlach, que vuelve a encontrar en sus tallas de madera, la inspiración medieval.

Nacionalsocialismo

El período que se extiende entre 1930 y 1945, aproximadamente, fue trágico para el arte alemán. El régimen nazi ataca el arte y lo llama “degenerado”, en especial al expresionismo, al suprematismo y al arte abstracto. Ello es tanto más de lamentar cuanto que, hacia 1930, las tendencias llamadas modernas conocían en Alemania un favor mayor que en casi todos los demás países europeos.

Desde 1930 a 1933 la situación cambió radicalmente. Hombres como Joseph Goebbels, salidos de un medio social no carente de preocupaciones artísticas, hubieran transigido probablemente. Pero Hitler, que alimentaba un odio personal contra todo lo que no tenía la “sana razón”, fue implacable. A fines de 1933 se organizó la Cámara cultural del Reich, que empadronaba a todos los artistas alemanes, y sin cuya aprobación era prácticamente imposible ejercer una actividad artística. En 1937 inauguró en Münich la Casa del arte alemán, acompañada de la primera exposición de propaganda contra el “arte degenerado”. Casi todos los pintores de fama se marcharon al extranjero, como Max Beckmannm, Oskar Kokoschka o Max Ernst.

Pero en materia de arquitectura, Adolf Hitler tenía proyectos ambiciosos, especialmente en lo que se presta a manifestaciones de masas: estadios, teatros al aire libre, etc.. Quería transformar Berlín ciudad de enormes avenidas, flanqueadas por suntuosos edificios. Y ha de admitirse que los arquitectos realizaron bastante bien tales concepciones. Si el viejo Paul Ludwig Troost, autor de la Casa del arte alemán, fue un mediocre artista, Werner March, hombre de antes del nazismo, concibió con grandeza el Sport Forum de la XI Olimpiadas, y Berthold Konrad Hermann Albert Speer, libremente relacionado con las tradiciones de Karl Friedrich Schinkel, demostró que sabía realizar obras colosales sin carecer de gusto, Su Cancillería del Reich fue destruida por la guerra.

Por parte de los pintores nada interesante produjo el régimen. La escultura de defendió mejor. El viejo Georg Kolbe logró subsistir y Arno Brecker, que trató de llevar a cabo los encargos del dictador, merece respeto por su tentativa de escultura monumental.

La guerra barrió casi todo esto, mediante una catástrofe que destruyó asimismo antiguas ciudades, de inapreciable mérito histórico y artístico. Las necesidades de la post-guerra produjeron, en los primeros tiempos, una arquitectura de urgencia; pero, poco a poco, van surgiendo las características de un nuevo arte alemán, por ejemplo, en el ensanche de Berlín, con edificios encomendados a los famosos constructores de la época. La arquitectura asume, por el momento, mayor importancia que las demás artes plásticas. En pintura y escultura, las últimas generaciones parecen inclinarse hacia las más internacionales tendencias de la no figuración.

La II Guerra Mundial causó daños y destrozos en muchos museos, bibliotecas y edificios históricos, pero muchos tesoros fueron guardados y preservados en lugares seguros. El renovado interés por la historia alemana anterior al s. XX ha propiciado la reconstrucción y la revitalización de viejas ciudades como Munich y Bonn. Las destacadas colecciones de arte de los reyes de Prusia se encuentran en Berlín. La ciudad cuenta con el Museo Estatal de los Tesoros Culturales Prusianos, que albergan arte egipcio y pinturas de antiguos maestros, en el distrito de Dahlem, y pinturas del s. XIX y XX en la Galería Nacional. Las colecciones de los gobernantes bávaros forman las Galerías de Arte del Estado Bávaro en Munich: las obras de los viejos maestros de fama mundial se encuentran en la Alte Pinakothek (Vieja Pinacoteca) y las modernas en la Neue Pinakothek (Nueva Pinacoteca). El Museo Nacional Bávaro, también en Munich, muestra colecciones de escultura, arte decorativo y arte popular. El Museo Germánico Románico en la ciudad de Colonia muestra las antigüedades romanas. Un importante museo de arte en Alemania Oriental es la Colección de Arte del Estado, en Dresde, anteriormente propiedad de los gobernadores de Sajonia; en él hay una famosa galería de antiguos maestros y una bella colección de porcelana, ambas en Zwinger, y de artes decorativas en el Vault (verde). Las colecciones de épocas antiguas, orientales e islámicas de los reyes de Prusia son parte de los museos estatales del Berlín Oriental. La Iglesia y otras familias aristocráticas mantienen de forma privada otros tesoros artísticos. El Museo Senckenberg de Historia Natural en Frankfurt, el Museo Técnico de Dresde, las colecciones científicas estatales de historia natural y el Museo alemán (uno de los primeros museos tecnológicos del mundo) en Munich, albergan destacadas colecciones científicas. Los museos de la ciudad de Frankfurt contienen bellas muestras de arte popular, así como una gran variedad de objetos arqueológicos e históricos. Entre las bibliotecas de investigación se encuentran la Biblioteca del Estado de Baviera en Munich, la Biblioteca del Estado de los Tesoros Culturales Prusianos en Berlín, y la Biblioteca Alemana en Frankfurt. Los expedientes del periodo nacionalsocialista están en los archivos federales de Coblenza y en el Centro de Documentación de Berlín, que almacena 25 millones de documentos del Partido Nacionalsocialista. Por todo el país se encuentran excelentes bibliotecas universitarias y son numerosas las ciudades e iglesias que también las poseen.

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